La corrida del domingo 24 de mayo por la mañana en Nîmes fue mucho más que un festejo: una afirmación rotunda del momento que vive la tauromaquia francesa.
Pierrick Charmasson
Cartel inédito en el coliseo romano, con seis toreros franceses —cinco de ellos de Nîmes— frente a toros también franceses de la ganadería de Margé, hoy referencia del campo bravo nacional. El resultado: una auténtica bocanada de aire fresco, una mañana que confirmó la vitalidad y legitimidad de la tauromaquia hexagonal.
Nada de esto se entiende sin el legado de pioneros como Simón Casas o Alain Moncouquiol, que creyeron en esta tauromaquia cuando parecía una utopía.
El camino lo abrió Christian Montcouquiol ‘Nimeño II’, seguido por Juan Bautista y llevado a la cima por Sébastien Castella, figura mundial desde hace más de dos décadas.
La respuesta del público fue inmediata: cerca de 7.000 personas en los tendidos. En el ruedo, un encierro de Margé serio y con fondo, del que destacaron “Titus” y “Antonin”, premiados con la vuelta al ruedo.
Entre los toreros, Tibo Garcia quien confirmó su doctorado dejó una actuación seria y templada, premiada con una oreja de peso tras una faena de buen corte clásico destacando al natural. El Rafi, vibrante y entregado, firmó uno de los momentos fuertes de la mañana, cortando dos orejas y abriendo la Puerta de los Cónsules.
También a hombros salió Adriano, que regresaba en Nîmes y mostró oficio y conexión para cortar dos orejas. El veterano Marc Serrano paseó una oreja de mérito tras una faena de esfuerzo, mientras que Solal cerró con entrega y otra oreja en una tarde ya exigente.
Sin premio quedó Maxime Solera, aunque dejó detalles de valor y compromiso.
Más allá de los trofeos, la sensación general fue inequívoca: la tauromaquia francesa vive un momento de madurez. La apuesta de Nîmes por un cartel íntegramente nacional, el compromiso de ganaderos como Margé y el legado de figuras que abrieron camino han convergido en una mañana que refuerza una idea sencilla pero poderosa: la tauromaquia francesa no solo existe, sino que compite, emociona y se afirma en las grandes plazas.
En Nîmes, ese domingo por la mañana, el mensaje fue claro: la tauromaquia francesa tiene presente… y también futuro.





