Disposición de la trna ante un deslucido encierro de La Quinta.
Sevilla, 25 de abril.
Real Maestranza de Caballería
Decimocuarta de la Feria de Abril.
Media entrada.
Toros de La Quinta.
El Cid, de botella y oro, silencio y vuelta al ruedo.
Fortes, de pastel y oro, ovación y vuelta al ruedo.
José Garrido, de hoja y oro, ovación y silencio.
María Padillo/ Burladero Tv
Foto: Lances de Futuro
Penúltimo festejo antes del ciclo de novilladas de mayo en el coso baratillero, con el regreso, tras un año de ausencia, de la ganadería de la finca Fuen la Higuera, hierro de importantes triunfos recientes. La terna reunía a El Cid —torero récord en Puertas del Príncipe—, Fortes —una de las novedades del abono— y José Garrido, también de vuelta a Sevilla. Sin embargo, el juego desigual y, en líneas generales, falto de transmisión del encierro condicionó el resultado artístico de una tarde marcada por la disposición de los diestros y el escaso lucimiento de los toros.
El Cid brindó al público sevillano el primero de la tarde. Sin embargo, la falta de raza del toro condicionó el conjunto, restando emoción y transmisión a la faena.
Con el cuarto lo intentó con disposición, si bien el lucimiento resultó más limitado. En conjunto, faena sólida del torero sevillano.
El segundo muestra nobleza y mantiene esa condición a lo largo de la lidia, destacando su buen empuje en el tercio de varas. En la muleta le faltó transmisión. Fortes prueba por el pitón izquierdo, dejando algunos naturales, aunque el comportamiento algo deslucido y manso del animal le provoca ciertos apuros. El malagueño insiste con disposición ante un ejemplar sin opciones claras.
Estructuró su labor al quinto sobre la mano derecha, firmando tandas de derechazos de buen trazo y mayor limpieza. Al natural, logró momentos de mayor conexión con los tendidos, arrancando los “olés” del público. Sonó en el coso baratillero el pasodoble “Viva Manolo Vázquez”, en el transcurso de una serie de naturales de calidad. En el tramo final de la faena, el toro acusó el esfuerzo y perdió las manos.
José Garrido recibió a su primero con un saludo a la verónica de notable ejecución. En el último tercio dejó una labor basada al natural, alternando con tandas de derechazos templados y de buen trazo. Pinchó.
Pronto se evidenció la falta de transmisión del sexto; por el pitón izquierdo su comportamiento resultó igualmente deslucido, con tendencia a echar la cara arriba. Sin opciones de lucimiento, Garrido optó por abreviar.





