Sábado, 14 de marzo de 2026. Plaza de toros de Castellón. Aceptable entrada en tarde entoldada. Toros de Zalduendo, bien presentados y de buen juego en general. Al quinto se le premió con la vuelta al ruedo. Sebastián Castella (tabaco y oro), oreja y saludos tras aviso. Daniel Luque (verde y oro), saludos y dos orejas tras aviso. Tomás Rufo (coral y oro), oreja tras aviso y ovación tras aviso. Entre las cuadrillas lidió con templanza José Chacón. Presidió Vicente Oliver. Pesos de los toros por orden de lidia: 499, 501, 497, 509, 511 y 552 kilos.
Enrique Amat, Castellón
En el penúltimo festejo de la Feria de la Magdalena de Castellón, Tomás Ruffo ocupó el puesto de lesionado Emilio de Justo, todavía no recuperado del percance de Olivenza. Pero la noticia estuvo en una gran faena de Daniel Luque. Y en el juego de los toros de Zalduendo.
Los toros de Zalduendo, cinqueños, bien presentados y de buen juego en general. Nobles, con fondo de calidad, quisieron siempre embestir y humillando, aunque a algunos les faltaron fuerza y poder. Pero en conjunto, fue un encierro notable.
Terciado el primero. Abanto y distraído, se dejó pegar en varas, pero se salió suelto, y luego tendió a huir de las telas. Tuvo tranco y apretó el banderillas. Justo de poder, con la virtud de la fijeza y de embestir humillando mucho.
Bonito de presencia, armónico, pero abanto de salida y sin celo el segundo. Derribó en varas, sin apenas apretar. Tuvo un fondo de nobleza, pero quiso más que pudo. Si vino a los engaños pero también soltó la cara y se defendió por su falta de poder.
También correcto de presencia el tercero, que salió claudicante de los chiqueros. Aceptó el castigo en el caballo del que no obstante, se salió suelto. Otro toro que tuvo son, pero poca fuerza y que quiso más que pudo. Persiguió las telas, pero perdía las manos al salir del embroque.
Bonito el castaño cuarto, al que no picaron y el público encima aplaudió. Otro toro que quiso más que pudo. Tuvo fijeza, galopó, se vino a las telas, pero luego le faltó ese punto de poder, lo que le hizo en embestir rebrincado y punteando los engaños.
El quinto, Ablativo, más cuajado, se fue al caballo al relance, a pesar de lo que el público le aplaudió. Muy mal lidiado en el primer tercio, en el que correteó sin orden ni concierto por la plaza. Luego en la muleta humilló una enormidad. A pesar de escarbar, rompió para adelante y obedeció los toques y tuvo un bravo comportamiento. Y una larga y brava agonía. Y manso y huido el sexto, al que apenas se le picó para un análisis. Muy remiso, se paró después de cada muletazo. Acobardado y rajado.
Sebastián Castella saludó con una larguísima serie, de hasta once lances, al que abrió plaza, al que luego quitó por chicuelinas. Luego, fuera de las rayas, asentado y firme, muleteó en los terrenos de cercanías, dejando siempre el engaño puesto, bajando la mano y llevando al toro muy enganchado en los vuelos del engaño. Y luego toreó al natural con los pies juntos en el epílogo del trasteo. Faena profesional, suficiente,?algo fría. Mató de una estocada corta, algo trasera, perpendicular y un punto desprendida que bastó.
Apertura de faena por estatuarios dentro de las rayas en el cuarto, como prólogo de una labor afanosa, siempre previsible y de un larguísimo metraje.
Daniel Luque firmó un trabajo expresivo y de gran comunicación con el público en el segundo. Rubricó algunos muletazos de excelente ejecución, en una labor de dominio y autoridad rematada por luquecinas y que caló mucho en el respetable. Mató de una estocada muy trasera y desprendida y otro pinchazo entrando a matar con precipitación, pero que bastó.
Muy venido arriba, su apertura de faena quinto tuvo impronta. Luego, en los medios, toreó a placer, con encaje, sometimiento y expresión. Faena de altísimo nivel, intensa y rematada con un colosal volapié ejecutado en la misma boca de riego.
Tomás Rufo sobresalió en su labor sobre la mano izquierda en el tercero, en la que pulseó con templanza las embestidas. Faena discontinua, sin acabar de tomar vuelo y rematada con efectismos. Mató de una estocada trasera y perpendicular. Y frente un toro rajado como el sexto, se justificó a base de disposición. Pero se pasó ampliamente de faena en su metraje, si bien siempre muy por encima del astado. Mató una estocada con derrame.









