Enrique Amat, Castellón
Sábado, 14 de marzo de 2026. Plaza de toros de Castellón. Buena entrada en mañana apacible. Novillos de Aida Jovani, bien presentados, variados de pelaje y de buen juego. Al segundo, Correvientos, se le premió con la vuelta al ruedo. Noel García, de la escuela de Salamanca, silencio tras aviso. Abel Rodríguez, de la escuela de Castellón, dos orejas. Jaime Padilla, de la escuela de Málaga, saludos tras aviso. Bruno Martínez, de la escuela de Castellón, palmas tras aviso. Pablo Torres, de la escuela de Valencia, aplausos tras aviso. Celso Ortega, de La Gallosina, oreja. Entre las cuadrillas saludaron tras banderillear Iker Rodríguez y Víctor Roig. Presidió Juan Antonio Ribes asesorado por Irene Fernández.
Prosiguió la feria taurina de la Magdalena en su intenso fin de semana, con la clase práctica con participación de alumnos de las escuelas taurinas, que se tuvo que aplazar el martes debido a las inclemencias meteorológicas.
Y qué bonito es para el aficionado, tener que acercarse a la taquilla, para que le regalen una entrada y asistir gratuitamente al festejo.
Los novillos de Aida Jovani, bien presentados y variados de pelaje, dieron un juego variado e interesante. Bien presentado y alto el negro y algo bragado y meano el primero. Corretón, distraído y suelto, se dolió en banderillas. Y se atemperó en la muleta, tomando los engaños enrazado, repitiendo y con movilidad, aunque algo rebrincado y soltando un poquito la cara. Muy codicioso, exigió el carnet de profesional a su matador al que acabó desbordando. Una prueba interesante para el alumno, que para eso están aprendiendo. En la universidad también le ponían a uno exámenes difíciles que había que superar.
Precioso y de espectacular pelaje el burraco segundo, que fue un examen más fácil para su matador. Un excelente ejemplar, que tuvo fijeza, se vino de largo, metió la cara con obediencia y humillación.
También tuvo cuajo y plaza el tercero, encastado, incluso temperamental que desbordó a su matador, al que pareció venirle algo grande aquello.
Más playero el cuarto al que, como a todos sus hermanos, se le colocaron tres pares de banderillas. También tuvo la virtud de estar pendiente de los engaños, rompiendo para adelante. Pero también, entre unas cosas y otras, no terminó de humillar y de soltar tarascadas y tornillazos. Y acabó haciéndose el amo de aquello.
El burraco quinto se vino de largo, aunque también tendió a llevar la cara alta, cortó los viajes y tuvo bastante que torear, pero con la virtud de no dejar de embestir en todo momento. Burraco, salpicado y capirote el sexto, cuajado y serio. También embistió con transmisión, celo y humillando. Y asimismo, pedía mando y gobierno.
Noel García, de la escuela de Salamanca, lanceó con excelente estilo. Con la muleta, exhibió buen corte, oficio y sentido de la colocación. Con todo, por momentos, se vio desbordado por el celo y las muy enrazadas embestidas del novillo. A veces codilleó en exceso y sobraron tropezones y enganchones. Eso no tiene mayor importancia porque está aprendiendo. El día anterior a Roca Rey le pasó lo mismo. Pero la faena tuvo intensidad e interés, aunque también un larguísimo metraje.
Abel Rodríguez, de la escuela de Castellón, saludó con dos faroles de rodillas en el tercio a su novillo, al que luego lanceó con variedad. En el tercio final, toreó con sentido de la ligazón y el temple, en un trabajo en el que llevó siempre muy ligado al novillo y en cuyo transcurso firmó momentos de gran expresión. Mató de una estocada corta.
Jaime Padilla, de la escuela de Málaga, con un excelente tipo de torero y magníficamente vestido de corto, se enfrentó a un astado temperamental, encastado y no exento de genio. Por ahí anduvo, firme, siempre queriendo aunque le costó mucho gobernar aquellas embestidas. No dejó de plantar cara con plausible disposición y consiguió momentos de interés.
Bruno Martínez, de la escuela de Castelló, se fue a la puerta de chiqueros a saludar a porta gayola al cuarto. Lanceó con muchos afanes, aunque algo atolondrado y atropellado. Y no dejó de intentarlo con la muleta, aunque su oponente terminó por desbordarle. El astado se fue creciendo, y él bastante hizo con plantar cara con sincera y candorosa disposición, en una faena en la que se justificó por su aguante y entrega frente a un era que no le dio facilidades. Tuvo el gesto de entrar a matar sin muleta, aunque luego se eternizó con el verduguillo.
Pablo Torres, de la escuela de Valencia, lanceó con gusto y excelentes formas al quinto. Anda con toreria por la plaza, tiene enjundiosas formas y notable concepto. Volvió a apuntar una interesante personalidad. Trasteo intermitente, pero de buen dibujo. Luego pasó un quinario con los aceros
Celso Ortega, de La Gallosina, planteó faena en el platillo de la plaza. Ortodoxo y compuesto, con soltura y oficio, aunque también poco convencido y comprometido. Mató de un estocada trasera.









