Sábado, 21 de junio de 2025. Plaza de toros de Venta del Moro. Lleno habitual en tarde calurosa y entoldada. Astados de La Lucica, bien presentados y de buen juego. El tercero, Castellano de nombre, fue premiado con la vuelta al ruedo. Luis Pizarro, silencio. Marco Peláez, alumno de la escuela taurina de Colmenar Viejo, oreja. Hugo Masiá, oreja tras aviso. Iker Rodríguez, oreja tras cogida. Adrián Campos, no llegó a intervenir. Entre las cuadrillas lució en la lidia Israel Guirao y apuntilló con acierto Adrián Merenciano. Presidió el alcalde de la ciudad, Luis Francisco López Yeves asesorado por el aficionado utielano y venturreño consorte Miguel Diaz. Iker Rodriguez sufrió al entrar a matar al cuarto una cornada en la parte superior del muslo derecho de la que fue intervenido en el Hospital de Requena. Pronóstico reservado.
Enrique Amat, Venta del Moro
La plaza de toros valenciana de Venta del Moro fue escenario del cuarto festejo que se organiza en este coso taurino en 2025. Todo un hito, y una noticia estimulante sobre la buena salud de la que goza esta plaza desde que fue reinaugurada hace apenas un par de años. A pesar de la tormenta que cayó antes del festejo, el buen estado del piso permitió que se celebrase con toda normalidad.
El espectáculo, organizado por la escuela de tauromaquia de Valencia y con la colaboración con la Asociación Cultural Taurina La Loretana y el ayuntamiento de la ciudad, fue con entrada gratuita para todos los aficionados. Amenizó el festejo, que estuvo perfectamente organizado en todos sus detalles, junto a la banda de música de Venta del Moro, La perla negra de Utiel. Y con un lleno como siempre, y asimismo en el tendido de los sastres, con aficionados de Pakistán, India y Bangladesh. La fiesta traspasa fronteras.
En el mismo Intervinieron los alumnos de la escuela de tauromaquia de Valencia Luis Pizarro, Iker Rodriguez, Hugo Masiá y Adrián Campos. Y completó el quinteto de actuantes el alumno de la escuela taurina de Colmenar Viejo Marco Peláez. Y no faltó la habitual publicación de la Tertulia taurina El Redondel con amplia información sobre el festejo.
Tras la cogida sufrida durante la lidia del cuarto al entrar a matar por Iker Rodriguez, el festejo tuvo que ser suspendido porque la UVI móvil se llevó a Requena al espada herido. Y ello impidió a Adrián Campos matar al quinto de la tarde. El chaval, lógicamente, cogió un disgusto de órdago a la grande. Otra vez será. Algo parecido sucedió semanas atrás en Alalpardo en una corrida de toros correspondiente a la Copa Chenel.
Los astados del hierro turolense de La Lucica, bien presentados, serios de pitones, dieron un juego interesante. Sin ser un dechado de clase, sirvieron para que los alumnos mostrasen sus condiciones. El que abrió plaza, Morado de nombre, colorado, ojo de perdiz y bociblanco, se desplazó y obedeció los toques, aunque algo rebrincado. Pastueño, con fijeza y repetidor, fue bueno para el torero. El negro segundo, algo apagado, fue y vino y colaboró con el torero. El tercero, Castellano, se desplazó, noble y con mucho celo. Colaboró con su matador y fue premiado con la vuelta al ruedo. El cuarto tuvo movilidad y obedeció siempre a los toques. Y el quinto, Caribeño, no llego a saltar al ruedo, porque el festejo se suspendió ante la ausencia de la UVI móvil
Luis Pizarro, quién hace unos días vistió su primer traje de luces en Ondara, se mostró como un torero enterado y ya con su oficio. Muleteó con soltura y limpieza en un trabajo al que, eso le faltó un poco más de pasión.
Marco Peláez, alumno de la escuela taurina de Colmenar Viejo, dió una imagen de torero puesto y dispuesto. Su trabajo, de limpia ejecución, aunque algo frío y desapasionado, cumplió. Se mostró como un coletudo con sentido de la ligación y el temple y suelto y preparado.
Hugo Masiá, alumno de la escuela de Valencia y algemesinense, y quien hacía su cuarto paseíllo en esta plaza, saludó con dos faroles de rodillas en el tercio a su antagonista. Luego lo pareó con espectacularidad, y lo muleteó en una faena abundante y variada, bien concebida y ejecutada. Mato dé una estocada corta y un descabello.
Iker Rodríguez, alumno de la escuela y también natural de Algemesí, quien vino acompañado por un elevado número de componentes de su peña taurina, lanceó con vibración y lucimiento. Luego compartió el tercio de banderillas con Víctor Manuel Blázquez y Nek Romero. Y en el tercio final firmó una faena limpia, siempre bien planteada, dispuesta, variada y con buen son. Sufríó una cornada al entrar a matar. Su bautismo de sangre. Oreja y cornada. Ya tiene una medalla para enseñar.
Adrián Campos, no pudo actuar al suspenderse el festejo por tener que llevar la UVI móvil al hospital de Requena a Iker Rodríguez. Pero sin duda volverá a verse anunciado en esta plaza. Lo merece.









