Una de las localidades más afectadas por la Dana ha sido Sedaví. Allí tiene dos viviendas. Luis Blázquez, quien había sido noticia por haber ingresado en las filas de Borja Jimenez tras su salida de la cuadrilla de Sebastián Castella. Luis fue el primero en reivindicar en la redes sociales, todo lo que estaba pasando.” Es que era algo que tenía que hacer. Porque había que dar la voz de alerta a todo el mundo, para que se enterase de lo que estaba pasando. Hacer una llamada a la gente. Porque se estaba viviendo y todavía se está sufriendo una tragedia muy grande. Y los medios de comunicación, por mucho que digan, no reflejan en toda su crueldad y en toda su crudeza lo que está pasando aquí. Y había que dar esa voz para concienciar a la sociedad.”

“Lo mío es lo de menos, aunque yo tenía dos viviendas aquí que las he perdido. Yo estoy muy arraigado a quien Sedaví y, como digo, lo mío es lo de menos. Aunque he quedado muy perjudicado, mi obligación es ayudar a los vecinos y a los amigos. Y estoy indignado, porque ha faltado la ayuda desde el primer momento. No es de recibo tener que esperar seis días para que empiecen a llegar las ayudas organizadas. El ejército, la UMED y toda la gente que de verdad está preparada para afrontar esto. Hemos estado muy solos, solos y abandonados. Eso sí, por otra parte los voluntarios se han volcado de una manera tan solidaria como emocionante. Todo lo que no han sabido hacer las autoridades, lo han hecho los voluntarios. Daba emoción ver, no solo amigos, sino gente desconocida, que venían de fuera, que cruzaban el puente cargados de comida, de herramientas, de trastos para intentar ayudar y echar una mano. Lo cierto es que es nunca ha sido tan verdad esa frase de que el pueblo salva al pueblo.”
Lo que pasa, es que toda esa fuerza de los voluntarios, si hubiera estado bien dirigida y bien sistematizada por las autoridades, hubiera sido todavía más eficaz.
“De eso es de lo que me quejo. Porque los voluntarios llegan hasta donde pueden llegar. Tienen los medios que tienen, los conocimientos que tienen, disponen de las herramientas que tienen, pero toda esa fuerza tan grande hubiera rendido todavía muchísimo más si hubiéramos contado con la dirección de gente profesional. De gente que les hubiera organizado, que les hubiera dirigido, que hubiera coordinado todo aquello. Por eso tengo sensación de dolor, de impotencia, de rabia, de estar viviendo una película de terror. Uno no se puede hacer una idea de lo es ver filas de cinco y seis coches amontonados uno sobre otros, las calles con metr y medio de barro, la gente dentro de los coches y intentar sacarlos y no poder llegar a ellos porque no se podía. Hacía falta maquinaria que hubieran trabajado como un quitanieves para sacar el barro y ir quitando coches, barro. Y todo lo tuvimos que hacer a pico y pala, con nuestras propias manos, escasos de herramientas.”
Como usted dice, el pueblo salva al pueblo.
“Así es, y además se volcó muchísima gente, muchísimos voluntarios y además gente del toro, gente del fútbol, artistas. Y lo han hecho todo por su cuenta y riesgo, con su propio dinero, con su esfuerzo, con su sacrificio, con su tiempo. Y aunque me han dicho que no querían salir en los papeles, porque esto lo hacían de una manera altruista y no para ronear no puedo dejar de citar algunos aunque seguro que me olvidaré de alguien. Gines Marín, al día siguiente de la riada estaba por la mañana en Sedaví con dos furgonetas llenas de comida, de herramientas, de medicinas y con cuatro personas para ayudar a trabajar y metiendo los riñones. Otros toreros como Aaron Palacio, Miguelito, Rafael Rosa y Bruno Gimeno. No me puedo olvidar de Jose María Soler, un banderillero de Algeciras, que se vino desde allí con siete craches nuevas y cuatro motores de suministro de luz. Los compró él, los pagó él y con toda la generosidad del mundo los ofreció a Sedaví. A cambio de nada, qué grandeza tienen todos“.
Y no acaba aquí la cosa.
“Sí, porque dentro de la tragedia es más que estimulante que otra gente también ha prestado su apoyo incondicional. Pepe Reina, tantos años guardameta de la selección española de fútbol, mandó dos furgonetas con comida, pañales, potitos, ropa. Lo mismo hizo Dani Parejo, que fue capitan del Valencia y ahora en el Villarreal. Que grandeza hacer el bien sin decir nada. Sin que la mano derecha sepa lo que hace tu mano izquierda. “
La grandeza y la generosidad de los voluntarios ha faltado a las autoridades, que son las que debían haber dado el primer paso.
“Tengo que decirlo, ha sido una golfafa. Porque el gobierno nos ha abandonado, tanto el de la nación como el autonómico. Ellos tenían los datos de lo que podía pasar ya por la mañana, y si se hubieran tomado medidas en tiempo y forma, seguramente se hubieran evitado muchas muertes. Las fuerzas de la naturaleza son imparables. Por supuesto que a esta DANA no la paraba ni Sansón que hubiera resucitado. Pero si se hubieran tomado las medidas oportunas de precaución, posiblemente se hubiera ayudado a evitar esas muertes y esos destrozos. Si se hubiera alertado a la población, se podían haber tomado medidas. Y eso es lo que a mí me revienta y se me llevan los demonios. Los valencianos no somos tontos. Ni los españoles. Y las autoridades tienen que reconocer que han fallado. Porque han tenido una falta de respeto total y además han tenido una falta de organización, de control, de profesionalidad. Es imperdonable las vidas que se han perdido. Y ellos todavía están peleándose por un quítame allá quien tiene la culpa y se preocupan más de meterse unos con nosotros que de dar la cara. Y les falta tener la hombría de reconocer que han fallado, y de dimitir y dejar paso a gente capaz.”
Todavía queda mucho trabajo por hacer.
“Muchísimo. Porque han pasado unas semanas, pero esta labor de reconstrucción va a durar meses, incluso años. Uno no se puede imaginar en qué situación ha quedado Sedaví, al igual que han quedado también otros pueblos valencianos. Y esto no es cosa de días ni de semanas. Y está hablándose de muchas ayudas, de muchas promesas de que van a llegar ayudas pero de momento no llegan. Y además es indignante que cuando uno va a pedir algo, te exigen papeles, documentos, un montón de requisitos burocráticos y no tenemos esos papeles. Es la hora de ayudar, olvidarse del papeleo y tirar para adelante. Yo estoy con el pueblo, y dando la cara. Ya he perdido 16 kilos por la tensión, el esfuerzo, el disgusto, el estrés. Esto no se acaba aquí y hay que trabajar mucho y que la gente lo sepa. Y aunque sea un vano consuelo, se impone que los que han fallado, lo paguen. Lo paguen dimitiendo y lo paguen en los juzgados si hace falta. Porquelas vidas no van a volver. Eso es imperdonable.”
Algemesí es otra localidad que sigue sufriendo con especial incidencia la devastación que ha producido la Dana. Y allí vive y trabaja Salvador Pujol, en su momento novillero y en la actualidad ganadero de res bravas.
“Tengo una finca en la que tengo ganado, y hubo un tornado que hizo mucho daño. Arrancó el vallado y se me escaparon las vacas dos días, pero gracias a Dios como ellas están acostumbradas a comer en la finca y saben dónde tienen la comida, no se fueron muy lejos y a los dos días las pude volver a encerrar. Del ganado no he perdido nada, pero si he tenido muchos daños en la finca.”
El día fue muy complicado.
“Yo por la mañana trabajo en mi negocio, y a mediodía había ido a echarle de comer al ganado y ya había salido de la finca. Pero luego se me había olvidado una bomba de agua y quise volver a recogerla. Estaba con mi hijo, y la verdad es que, con la que estaba cayendo, fui muy imprudente, porque en ese momento vino el agua. Y la verdad es que por segundos no nos llevó la ola. A los coches que venían detrás de nosotros se los llevó y nosotros nos libramos de milagro. Y tengo pesadillas todas las noches y me arrepiento por haber puesto en peligro a mi hijo. No dejo de pensar qué podía haber pasado. Cómo se me ocurrió volver a la finca por esa bomba, en vez de seguir para Algemesí. Menos mal que la Providencia estuvo con nosotros. Yo tengo 62 años, y estoy preparado para todo, porque he vivido muchas cosas. Pero si se me hubiera llevado a mi hijo por delante, eso no me lo hubiera perdonado nunca.”
Y en la población se ha sufrido y todavía se sufre mucho.
“No te lo puedes imaginar. La zona que yo vivo no ha tenido tantos daños, se acabó por limpiar y se acondicionó pronto. Pero en el centro de Algemesí, sobre todo, en las calles más estrechas, han resultado muy complicadas las labores de limpieza, quitar el barro, sacar las cosas de las casas, porque al ser estrechas, las calles no podían entrar los camiones. Lo que sí que tengo que decir, y con emoción, es la labor de los voluntarios. Es que flipo, como dicen ahora, por todo lo que han ayudado. Han llegado de todos los sitios. Yo conseguí un coche de un primo de mi mujer para acercarme a la finca y poder dar de comer a los animales, que estos también necesitaban comer. Y cuando volví a casa, me encontré con que había 15 personas ayudando por allí. Yo pensaba que eran amigos de mi hijo, pero amigos eran tres o cuatro, el resto eran espontáneos, gente venida de fuera que con toda la entrega y la generosidad nos estaban echando una mano. “
Estas cosas destapan lo mejor de las personas.
“Así es. La gente joven nos está dando todo un ejemplo. Yo no me lo imaginaba. Los que ya somos mayores siempre decimos que la juventud son pan blando. Que se dedican a otras cosas. Que están pendientes de las redes sociales, del móvil. Pero han dado la cara como el que más, se han esforzado de una manera ejemplar. Yo he visto a chavales cargados con comida, con herramientas, andando kilómetros para llevar las cosas a las casas. Repartir comida, ayudar en la labores de limpieza, estar con los más mayores, algo grandioso. Nos han dado un gran ejemplo.”
Y queda mucha faena por delante.
“Y tanto. De momento, se ha conseguido limpiar las calles, vaciar las casas, tirar todo lo que quedó destrozado. Pero ahora se trata de lo más importante, que es regenerar los negocios, que abran las tiendas para poder abastecer a la gente y que no tengan que ir a los centros de reparto de comida y andar y desplazarse lejos para poder tener alimentos. Hay que volver a esa normalidad. Yo tengo un negocio de pulido de suelos, y me he quedado sin herramientas. Pero, como todo en la vida, hay que salir adelante. He alquilado una furgoneta para poder trabajar, porque tenemos encargos y trabajo, pero no tenía maquinaria ni herramientas para poder trabajar. Y hay que también agradecer la generosidad de los proveedores y clientes que se han ofrecido a echar una mano. A dar facilidades para poder salir adelante. Y están colaborando con solidaridad. Menos las autoridades, todo el mundo se está portando bien. “
Con todo esto, uno a veces tendrá la tentación de venirse abajo y tirar la toalla.
“Yo no. Estoy acostumbrado a caer y levantarme. Quise ser torero, y cuando lo tuve que dejar pasé una crisis. Pero luego me puse a trabajar. He tenido problemas de trabajo, y a las malas y las duras he tirado siempre para adelante. Porque la vida es esto, luchar y si vienen las buenas, disfrutar y si vienen las malas, hacerse fuertepara tirar para adelante. Y yo me voy a ir a porta gayola a luchar otra vez, aunque tenga 62 años. Y el esfuerzo, la disposición y el trabajo no me van a faltar. Y para lo que necesiten en mi pueblo, allí estaré con ellos. “
Y Utiel también ha sido otra de las ciudades que se han visto muy afectadas por estas inundaciones. Y uno de los afectados, es el aficionado Jose Luis Ramírez, que en su momento fue alcalde de la ciudad, presidente de su plaza de toros y además escritor taurino.
“La verdad es que nos pilló todo de repente. Y ha sido muy duro. Los comercios, los coches, las viviendas, y un recurso tan importante para la economía de la zona como es la agricultura se ha visto muy afectado. Es un sector que nos da vida en Utiel. Pero también es verdad que ese mismo sector de la agricultura ayudó mucho nada más producirse la inundación, por la gran cantidad de maquinaria agrícola que tenemos allí y con ella esa misma noche se pudieron salvar vidas, sacando con palas a la gente desde los balcones de su casa. Aunque no eran todos los medios que hubiéramos querido, esa maquinaria se puso en marcha enseguida y contribuyó, como digo, a salvar vidas y luego a empezar pronto las labores de limpieza.”
Usted lo vivió en persona y se puede decir, en términos taurinos, desde el callejón.
“Pues sí. La verdad es que ha sido un corralón de tres trayectorias. En la zona donde vivo es donde han habido más daños. En mi calle, hasta fallecidos. Y añun así, siempre tienes que dar gracias a Dios. Nosotros tenemos dos plantas en casa, y mi mujer y mis hijos nos subimos a la segunda, pero veíamos como seguía subiendo el agua y que iba a llegar a donde estábamos. Gracias a la Guardia Civil y a una máquina excavadora, nos pudimos salvar y salir de casa. Porque no sabíamos qué podía pasar. Bajar a la calle era imposible, estaba todo inundado y aquella máquina excavadora nos puso a salvo. Fue una cosa impensable, no cabía en la cabeza ver todo aquello, uno no se lo imagina. Veías que el agua iba subiendo, que no podías escaparte y era angustioso. Las calles eran como río rápidos, como una especie de cataratas con una fuerza brutal.”
Pero entre unos y otros, se pudo resolver aquello.
“Uno no sabe de lo que es capaz hasta que le toca sufrirlo. Hay que tener espíritu para tirar para adelante. Y lo que es gratificante ha sido comportamiento de la sociedad general, de la sociedad civil. Es que hay que decirlo, y en mayúsculas, que hasta sobraban brazos. Te ayudaban amigos, parientes, conocidos, pero luego mucha gente que no sabías ni quiénes eran, ni de dónde venían, y aparecían por ahí ofreciéndote comida, herramientas, medicamentos y sus brazos para ayudar a limpiar, a ayudar a la gente, repartir comida, a abrazar, consolar. Era una situación dramática, pero ellos nos ayudaron a salir adelante. “
A diferencia de otros lugares, las autoridades parece que estuvieron a la altura.
“Se puede afirmar que sí. Por supuesto. Es que además el Ayuntamiento tuvo la intuición a las siete de la mañana de suspender las clases, cuando vieron lo que se podía venir encima. Reaccionaron con presteza antes que nadie, y esa decisión de no abrir los colegios salvó muchas vidas, porque a algún instituto el agua se lo llevó por delante. Uno no quiere ni pensar qué hubiera pasado si huberan estado ahí los estudiantes. Y no solo eso, sino los padres que hubieran ido a recoger a los hijos. Podía haber sido una tragedia, una hecatombe. Hubiera sido apocalíptico. Catastrófico.”
Además, en Utiel se mezclaron la lluvia y el desbordamiento del río.
“Fue una concatenación de circunstancias. Cayeron 400 litros de agua, pero además el río Magro se desbordó. La vertiente de la sierra del Remedio empezó a tirar agua, igual que la vertiente de la aldea de la Torre, que llega hasta la rambla donde está la plaza de toros. Esas dos vertientes llevaban tal cantidad de agua que el río no la pudo asumir y se desbordó. Y encima, el río que atraviesa la población, y esas aguas hicieron muchísimo daño. A las fuerzas de la naturaleza no se les puede parar, y aquello vino de repente. Aunque como ya digo, aún tenemos que dar gracias porque se salvaron muchas vidas con la decisión de suspender las clases.”
Ahora queda mucho trabajo por hacer.
“Las vidas humanas ya no se pueden recuperar. Eso sí que es dolorosísimo. Una tragedia. Pero ahora, una vez limpio el pueblo y vaciadas las casas, es el momento de la reconstrucción. Utiel va a salir adelante, se va a venir arriba, porque somos un pueblo trabajador, sacrificado, fuerte y solidario. Pero no todo acaba aquí, porque se necesita el apoyo de las autoridades para poder sacar todo esto adelante. Hacen falta ayuda económica, infraestructuras, coordinación, obras, y para eso las autoridades tienen que estar encima, porque es su obligación. Atender a la población que se ha quedado desamparada. Y lo bonito, ya que somos aficionados, es que el mundo taurino se está volcando y mostrando su solidaridad, apoyando de muy diversas formas, no solo con festivales, sino con gente que da dinero, que apoya y que presta su colaboración. Aquí se vino José Manuel Montoliu a echar una mano desde el primer día, y como él otros muchos, a los que hay que agradecer eternamente su colaboración.”
Al matador de toros valenciano, Jordi Pérez Niño de las Monjas, la Dana le sorprendió en Madrid. Pero se vino en cuanto pudo.
“En cuanto me enteré, me quería venir corriendo. Lo que pasa es que las carreteras estaban cortadas, había problemas de comunicaciones y entonces tuve que esperar. Pero en cuanto pude, cogí el coche, lo cargué y me vine. Mi primera parada fue en Chiva, uno de los pueblos más afectados. Ahí estuve con mi amigo Alejandro Contreras, el que fue novillero y ahora es mozo de espadas. Y estuve echando una mano en todo lo que pude en el pueblo, que está tremendamente afectado. El centro estaba destrozado, y te daba mucha impresión verlo. Luego me fui a mi pueblo a Carlet, para visitar a mi gente, aunque allí gracias a Dios no han tenido ningún daño porque no les ha afectado la Dana. Y de ahí me fui a Algemesí, un pueblo al que tanto quiero, al que tanto debo en mi formación como persona y como torero. Y allí fui a seguir poniendo mi granito de arena.”
Y acompañar y dar aliento a la gente.
“Por lo menos intentarlo. Lo material se puede reparar. Perder un coche, pues no deja de ser un coche, o igual se puede reparar la casa y volver a equiparla. Pero lo personal, los fallecimientos, no. Y eso te produce una gran pena y una sensación de impotencia. Ver a la gente en la calle es tremendo, esa sensación de pena, de abandono, de desolación que se vivía era tremenda. Se te ponía un nudo en la garganta. Uno procura ayudar en lo que puede, repartir cosas, comida, limpiar, trasladar camiones y furgonetas con alimentos. Ayudar a la gente. Se ha volcado mucho a gente. Muchos voluntarios. En un bajo en casa de Juan Alberto se descargaban camiones para llevar comida a la gente mayor, botas, ropa, todo lo que necesitaban. Intentar repartir las cosas de primera necesidad. Y luego sacar agua de las casas, vaciar todo aquello. Era terrible ese olor del agua, el agua anegada, putrefacta, ese barro. “
Una experiencia dramática, inolvidable.
“Y que te generan muchísima pena, pero también mucha sensación de impotencia. Me fastidiaba ver que se acababa el día muy pronto, y que necesitabas muchas más horas para seguir trabajando. Y querías ayudar y ayudar y ayudar pero no tenías todos los medios que hacían falta. Y todo te parecía poco, las horas de trabajo, lo que hacías no lo veias suficiente. Querías hacer tanto y ayudar pero llegaba un momento que no se podía más y había que esperar hasta el día siguiente. Lo cierto es que ha sido muy duro. Nos queda rezar y colaborar en todo lo que podamos. Es nuestra obligación, estar al lado de los que lo necesitan y los que sufren. “
Y además de lo material, está lo espiritual, en la que tienen una labor importante sus Madres de los Desamparados Elisa, Francisca y todas las demás.
“Ellas están con sus oraciones y esa su labor de intentar ayudar en lo moral y en lo espiritual. Y también sé que se han arremangado los hábitps y han ido ayudar donde han podido. Toda ayuda es necesaria. Material y espiritual.”









