Domingo, 12 de marzo de 2017. Plaza de toros de Utiel. Aceptable entrada de mañana soleada. Erales de Manolo González y González Sánchez Dalp, bien presentados y de juego variado y exigente. Víctor Fernández saludos tras aviso. Miguel Senent Miguelito, dos orejas. José María Triguero, saludos. Borja Collado, saludos tras aviso. Alba Navarro, dos orejas y rabo. Rodrigo Ortiz, dos orejas. Presidió Antonio Puchol.
Como no sólo de las Fallas vive el hombre, en Utiel se programó una clase práctica para los alumnos de las escuelas de tauromaquia, organizada con la colaboración de la Peña Taurina Utielana que se esmeró en su cometido. La mañana fue radiante, y el más que centenario coso de La Utielana registró una más que aceptable entrada de público.
Para calibrar las posibilidades del sexteto de aspirantes se lidió un encierro de la familia González. Un lote de astados variado en sus pelajes, lustroso y cuyo juego resultó tan variado como exigente. El burraco primero exhibió tanto cuajo como plaza. Embistió con nobleza y movilidad, aunque acabó buscando el refugio de los adentros. El colorado segundo tuvo un excelente tranco en banderillas, y tomó las telas con nobleza y bondad, aunque se mostró algo falto de fuerzas. El chico tercero, encastado y con mucha movilidad, por su exigencia desbordó a su matador, al que volteó en diversas ocasiones. También resultó muy exigente el enrazado cuarto, que desarrolló sentido y violencia en sus embestidas y fue un auténtico examen para su matador. El cárdeno entrepelado quinto tuvo más cuajo, y luego embistió por los pitones, pastueño aunque sin acabar de entregarse. Y, muy manejable fue el playero cierra plaza, que se desplazó y fue y vino con son.
El alcarreño Víctor Fernández firmó una faena de larguísimo metraje aunque de escaso mensaje. Fue cogido hasta en tres ocasiones, aunque no dejo de intentarlo. Miguelito se mostró como un torero enterado y con oficio. Compuesto y siempre por la línea de la ortodoxia, cumplió el compromiso con suficiencia, aunque igual le faltó apretar un poquito más el acelerador. Y sobresalió por su dirección de lidia.
El murciano Trigueros brindó su novillo al Director de Asuntos Taurinos Toni Gázquez. Se enfrentó a un novillo exigente hasta decir basta, que le puso en muchísimos aprietos. Aun así, no dejo de intentarlo, e incluso consiguió algunos momentos lucidos al natural. Por su parte Borja Collado, quien brindó al fotógrafo Martínez Cantero, sufrió cuatro serías volteretas que no hicieron mella en su decisión. Plantó cara con gallardía su oponente, al que los muleteó muy asentado, con firmeza y buen trazo. Luego, conmocionado, se eternizó con las armas toricidas.
Alba Navarro puso de manifiesto desparpajo, conocimientos y soltura. Sabe desenvolverse en la cara del novillo, está sobrada de recursos y maneja los engaños con despierta suficiencia. Y el mejicano Rodrigo Ortiz, alumno de la escuela de Valencia, anduvo en son de torero compuesto, firmando una faena en la que destacó por su verticalidad y aplomo.
Foto: Borja Collado
Autor: Martínez Cantero.









