Un congreso para abrir las puertas. Artículo Carlos Bueno

El I Congreso Taurino de la Comunidad Valenciana, celebrado durante los últimos cuatro días de la pasada semana, resultó un éxito abrumador en cuanto a afluencia de público se refiere. En él se mostraron a propios y extraños los entresijos de las tauromaquias de la calle y de la plaza, se unificaron criterios, se hizo examen de conciencia, se sacaron conclusiones y se planificaron nuevas acciones. Sin embargo, una de las sorpresas más gratificantes de cuantas se produjeron, fue comprobar el tirón que tiene el edifico de la plaza de toros en sí mismo. Al coso de Valencia no dejaron de acceder curiosos que salieron con una percepción del toreo muy diferente a la que tenían al entrar. Será cuestión de dar facilidades para que, fuera de los días de programación taurina, las puertas de las plazas de toros permanezcan abiertas y con ello puedan visitarlas cuantos lo deseen.

 

Eran poco más de las cinco y media de la tarde y la gente seguía entrando a la plaza de toros. Me llamó la atención ver las puertas del coso de Valencia abiertas y comprobar la cantidad de personas que accedían a su interior, así que me animé a asomarme. Pensaba que sólo vería operarios y voluntarios desmontando toda la infraestructura de un congreso taurino que se había inaugurado cuatro días antes y que el pasado domingo concluía poco después del mediodía con una mesa redonda en la que políticos, empresarios, aficionados y periodistas sacaban conclusiones y analizaban el futuro de la Fiesta. A continuación todo debía acabar con un espectáculo para niños de “Bou per la Vila”. Pero lejos de que el ruedo quedase desierto de inmediato, dos horas más tarde aficionados y curiosos continuaban ocupando el albero cada vez en mayor número, lo que obligó a los organizadores a prolongar los encierros con carretones de “bous embolats” con los que los más jóvenes se lo estaban pasando en grande.

 

Sin duda el éxito del congreso organizado por la Unión Taurina de la Comunidad Valenciana superó todas las expectativas. Figuras del toreo, ganaderos de lidia y autóctonos, “rodaors” y aficionados concitaron una expectación a un nivel poco presumible antes de su inicio. Se montaron stands, se inauguraron exposiciones, se prepararon almuerzos populares y comidas con carne de toro de lidia, se ofrecieron charlas, coloquios y mesas redondas, y a todo acudieron tantos espectadores que muchos de los recintos destinados a cada acto se quedaron pequeños.

 

Se estima que más de 15.000 personas pasaron por la plaza de Valencia a lo largo del acontecimiento. Un auténtico hito, especialmente sorprendente si analizamos el interés que despertaron las visitas guiadas por las dependencias del coso, sobre todo las que mostraban corrales y corraletas. Más de trescientas personas, la mayoría niños, se congregaron para acceder a unas instalaciones desconocidas para ellos. Y ese es el gran resultado que deben analizar taurinos y políticos. Los profesionales han de valorar lo positivo que resulta mostrar sus tesoros, tanto los arquitectónicos como los genéticos, los rincones secretos de las plazas y el paraíso del toro en el campo. Y los políticos tienen que comprender que su deber es gobernar para los ciudadanos y no por encima de ellos, y que no pueden ir en contra de una actividad que interesa en la medida que lo hace el toreo.

 

En las diferentes jornadas llevadas a cabo durante la convención se habló, entre otras cosas, de la necesidad de que el sector se muestre más unido que nunca, y también de que la tauromaquia es tradición, historia, cultura y arte. Pero eso ya no me parece importante porque no es discutible, sólo cuestión de gustos personales. Lo que resulta incontestable es el tirón que de nuevo han demostrado tener los toros en este congreso. Del mismo modo que ha quedado patente que mantener abiertas las puertas de las plazas atrae a gente que, muy probablemente, de otro modo nunca se hubiesen atrevido a ingresar en ellas. Otro logro a anotar en el “haber” de la afición. Tomen nota.

Nació en Algemesí (Valencia) en 1968.

Director y presentador de programa taurino “El Corro” de Berca TV, Televisión de Algemesí, desde 1996.

Director y presentador del programa taurino “Patio de Cuadrillas” desde su creación en 2002, pasando por LP Radio, Punto Radio, Gestiona Radio e Intereconomía Radio.

Articulista de la revista “Avance Taurino” desde 1998.

Redactor del semanario taurino “Aplausos” desde junio de 2004 hasta agosto de 2005 y director del periódico “La Veu d’Algemesí”.

Ha escrito los libros «Luis Francisco Esplá, toreador», «Plaza de toros de Algemesí» y «Sueños de gloria».