El recuerdo de Montolíu es alargado, artículo de Paco Delgado

E intenso, profundo, potente… tanto que un cuarto de siglo después  de su trágica muerte en Sevilla, su figura sigue despertando admiración.

Y hasta la propia feria de fallas gira en torno a su recuerdo y  servirá de homenaje a la figura de este Manolo Montolíu cuya leyenda  se agranda con el tiempo. Un tributo que arranca desde el cartel  anunciador de la feria, en el que la imagen central del mismo es la  del gran torero valenciano, en una de sus inconfundibles y  características poses banderilleras, y que se extiende a lo largo de  toda la cartelería y publicidad que se ha hecho de la feria así como  en la decoración exterior del propio coso de Monleón, en cuya fachada  se exhiben grandes lonas con varios de los principales toreros de  plata de la actualidad, en clara alusión a la influencia ejercida por  la singularidad de Montolíu en las generaciones posteriores. Ya el  día uno de marzo hubo un acto en el Ateneo Mercantil de Valencia en  el que, con la presencia de, entre otros, José Ortega Cano, presente  en el cartel de aquel infausto 1 de mayo de 1992, El Soro, el primer  diestro a cuyas órdenes se puso Montolíu, Martín Recio, compañero y  amigo durante tantos años, y sus hijos, José Manuel y Antonio,  grandes profesionales también los dos y que han honrado el apellido y  la memoria paterna, se le recordó en este aniversario.

Fue la suya una personalidad arrolladora, tremenda, irresistible.  Hijo del que fuera grandísimo picador Manuel Calvo “Montolíu” -que  entre otros picó para Pedrés, Antonio Ordóñez, Manolo Vázquez, Julio  Aparicio, Litri, Gregorio Sánchez, Miguelín o César Girón, ahí es  nada…-, pronto se sintió atraído por el mundillo taurino y tras su  etapa sin caballos, debutó con picadores en 1973, permaneciendo en  este escalafón -en el que se anunció con diversos nombres: Montolíu,  Manuel Calvo, Manolo Bonichón…- hasta 1979. Al año siguiente, y  considerando de forma inteligente que vestido con trajes bordados en  oro su camino no llegaba muy lejos, dio un paso atrás y se enroló en  la cuadrilla de un chaval que tenía revolucionada a la afición  valenciana: Vicente Ruiz “El Soro”. Con él emergió su don y se  descubrió a un fenomenal subalterno, eficaz, capaz y dispuesto y,  sobre todo, a un banderillero excepcional.

De la cuadrilla de El Soro pasó a la de Paco Ojeda, en la que  coincide con Martín Recio y se convierte en uno de los toreros de  plata de mayor prestigio del momento. Un reconocimiento que alcanza  su apogeo años más tarde, ya con Antoñete, cuando se lleva los  premios de todas las ferias en las que actúa, que son muchas. Aquello  le sirvió de trampolín para intentar de nuevo la aventura de ser  matador, lo que consigue en 1986, cuando Julio Robles, en presencia  de Espartaco, le da la alternativa en Castellón. No cuaja, sin  embargo, la historia y retorna a las filas del peonaje.

Víctor Méndez, Litri y otra vez El Soro son los diestros a cuyas  órdenes vuelve a demostrar que era uno de los más grandes. Y después  de una temporada en la que apodera y ayuda a varios novilleros, le  llega la oportunidad de entrar en la cuadrilla de José María  Manzanares, tras el que hace el paseíllo el primero de mayo de 1992  en la Maestranza sevillana, en cuyos toriles esperaba un toro de  Atanasio que le parte el corazón al intentar poner el primer par de  banderillas. Ese par que, aprendido de Paco Honrubia -otro grande-  había perfeccionado y patentado; singular, único, propio y tan  intransferible que se lo llevó con él ante la mirada atónita de  millones de aficionados que veían la corrida por televisión.

Y así, vestido de verde oliva y azabache, subió al cielo y entró en  el Olimpo de la tauromaquia, convertido en mito y su nombre venerado  ya para siempre como un torero de leyenda. Un torero cuya memoria es  tan alargada como imborrable su recuerdo.

Aunque nacido en Madrid y criado en Albacete, ha pasado ya más de media vida en Valencia, donde está afincado desde 1977. Socio fundador, en 1988, de la agencia de publicidad Avance D.P.S.L., sigue ejerciendo en ella como director de publicaciones y llevando el tema taurino en la misma.
Es responsable del área taurina de RNE en la Comunidad Valenciana y corresponsal del diario La Razón. Creador y director desde 1993 de Avance Taurino.

Es autor de más de setenta libros de temática taurina, entre ellos los resúmenes de las temporadas en la Comunidad Valenciana, desde 1994 hasta la actualidad; además ha escrito Historia de la tauromaquia en la Comunidad Valenciana, Una década en el ruedo, Tal día como hoy, El color en el toreo, De seda y oro, Historias de San Isidro, Historia de la plaza de toros de Alicante, Con la pata p’alante, Historia de la feria de fallas, Los toros son cultura ¡Claro que sí!, Caricatoros, Los toros en el siglo XXI, Camiserito… y las biografías de Vicente Barrera Cambra, Vicente Barrera Simó, Julián García, Maribel Atiénzar, Ivarito, Enrique Ponce o el toro Ratón…

Ha dado conferencias por toda España y comisariado y organizado exposiciones para Ayuntamientos, Diputaciones y numerosas entidades de nuestro país.