Hay ocasiones en las que el público esgrime argumentos tan convincentes que el torero no tiene más remedio que hacer lo que dice el respetable.
Lo contaba el propio Agustín Parra “Parrita”: “En mis tiempos de novillero, una tarde en Colmenar Viejo, me salió un toro pregonao, al que no había manera de darle un pase. Comenzaron las protestas, más tarde los gritos y seguidamente la bronca. No hice caso y seguí sin arrimarme, De pronto empezaron a tirarme piedras, hasta el punto de que no podía llegar al callejón.









