La empresa “Pabecema” S.L. con su gerente José Manuel Rozalen a la cabeza y en colaboración con el Ayuntamiento de la ciudad y la asociación cultural San Cristóbal, organizaron una corrida de toros en la plaza de toros de Motilla del Palancar. Un festejo con motivo de las fiestas de San Cristobal de esta localidad conquense y que contó las camaras de Castilla La Mancha TV en directo.
Un festejo fuera de los circuitos, pero que revela la autenticidad de la fiesta de los toros. Aquella que retrató, entre otros, Ángel María de Lera, en su novela”Los clarines del miedo.” Toros en La Mancha, con un calor africano, y un público con enormes deseos de pasarlo bien. ambiente festivo y algo solanesco. En una plaza que en su momento remozaron, y que tiene un sabor especial. Preciosa y cuidada.
Y aún con el recuerdo del recientemente fallecido novillero utielano Joaquin Ivars Ivarito, prestos a presenciar el festejo.
Los toros de Juan Jose Cano Muñoz, algo desigualmente presentados y variados de pelaje, resultaron manejables, aunque no anduvieron sobrados de clase ni de raza.
Serio, con volumen y bien armado el castaño que abrió plaza, que se dejó pegar en el caballo. Tuvo tranco en banderillas y se quedó corto de la muleta.
Tardó un mundo en salir de chiqueros el segundo, muy escurrido y que asomaba las puntas. Echó las manos por delante en el capote y derribó en varas. Se dolió banderillas y luego se quedó muy corto en la muleta, soltando la cara y revolviéndose.
El castaño y lombardo tercero, abanto de salida y muy agarrado al piso, acabó rompiendo en el tercio final muy ayudado por su matador. Brocho el largo, escurrido y vareado el cuarto, que empujó sin celo en el caballo, escaso de fuerzas. Luego fue y vino por ahí, con nobleza, aunque justo de celo y raza.
Muy chico el castaño y bociblanco quinto, que salió distraído de chiqueros. Tomando las telas sin humillar y sacando siempre la cara por encima del estaquillador, fue y vino bonancible y tuvo cierta prontitud aunque no terminó de descolgar. El cierra plaza, mansote y embistiendo a oleadas de salida, luego tomó las telas bonancible aunque, justo de raza, siempre fue a su aire.
Sanchez Vara, torero curtido en mil batallas, saludó con el capote a su primero con oficio y vistosidad. Banderillero con espectacularidad y acierto y muleteó con oficio y recursos. Mató de pinchazo y una estocada tendida y trasera.
Saludó con una larga de rodillas al cuarto. Y al igual que en su primero, firmó un vistoso quite. También pareó con lucimiento, destacando en un par citando sentado en la silla. Luego interpretó una faena limpia, siempre a media altura y sin molestar a su antagonista, que tuvo un prólogo y un epílogo genuflexo. Mató de una estocada subcutánea.
Serafin Marin, otro torero que estuvo en muchas ferias, trssteó con oficio, aunque sin excesivas aperturas a su primero, en una labor suficiente. Su apertura de faena por estatuarios al quinto fue el proemio de una labor entonada, en la que ligó los muletazos con templanza. Mató de una estocada habilidosa.
A Miguel Tendero quien su momento también disfrutó de estar presente en carteles importantes, se le vió lucido y despierto, en una labor enfibrada, en la que tuvo la virtud de dejar siempre la muleta puesta a su oponente, enganchándole por delante y llevándolo largo. Le supo buscar las vueltas con recursos. Puesto y dispuesto, cumplió con creces.
También puso de manifiesto ante el sexto el sitio que tiene, el oficio y los fundamentos suficientes que atesora para funcionar en la profesión.