Hizo lo mejor de un festejo en el que El Juli dio una vuelta al ruedo.
Sevilla, 30 de abril.
Decimocuarto festejo de abono.
Lleno.
Toros de La Quinta muy bien presentado pero con desigual comportamiento
El Juli, dos vueltas al ruedo y silencio.
Daniel Luque, silencio y oreja.
Pablo Aguado, silencio y silencio.
Pepe Ruciero
Foto: Toromedia
El debut en corrida de toros de la ganadería de La Quinta no fue el esperado. Bien presentada, noble, sosa y falta de transmisión.
Derrotó en tablas el primero, montadito en alto el cárdeno. El Juli le recibió a la verónica. Tras brindar al público le enjaretó sobre la diestra muletazos de largo trazo aprovechando la embestida dulce del de Martínez Conradi; tras una serie con la zurda volvió a la diestra con temple y ligazón. Los detalles finales sobre la diestra fueron de una lentitud pasmosa y mando que llegaron a los tendidos. Fuerte petición de oreja tras una estocada trasera, no concedida por el mismo presidente que el Domingo de Resurrección le regaló el segundo apéndice. Como premio le hicieron dar dos vueltas al ruedo. El, segundo no dio opciones en ninguno de los tercios. Parado y sin ganas de pelea, nos dejó sin faena ante un Juli insistente.
El primero de Luque se lesionó en el caballo fracturándose una pata; fue devuelto por otro del mismo hierro de pelo negro. Se desmonteró en banderillas Iván García. El sobrero, soso y sin tranco, imposibilitó a Luque su intención de poner mando, sin lucimiento aparente por la nula actitud de su oponente. Con su segundo dejó el momento estelar de la aburrida tarde; se lució sobre la zurda en pausados pases dando aire y tiempo llegando a la ligazón. Un cambio de mano muy torero, arrancó a la banda. Sobre la diestra volvió a pisar terrenos comprometidos, cruzándose y exigiendo dominio. Faena que instrumentó Luque de nuevo sobre la zurda con mucho mérito en la distancia corta, con inmenso valor puso a la plaza en pie, jugándose el tipo. La presidencia le otorgó una merecida oreja.
Recibió Pablo Aguado a su primero de capote de una manera intermitente: uno bueno, dos regular y una media extraordinaria. No hubo fusión, ni entendimiento entre su faena y las exigencias del respetable, que le pedían algo más ante un toro agarrado al piso y de pobre embestida. Anduvo desdibujado, queriendo pero no pudiendo dejar argumentos sólidos para afianzar una faena digna, de la que se le esperaba en su Sevilla. Salió su segundo y dejó la impronta de un buen toreo de capote con una excelsa media. Vimos a un Aguado en este peculiar encaste incómodo, más acorde a toreros más experimentados. Hubo momentos de acople, pero las exigencias del de La Quinta a la salida del muletazo con la cara alta, demandaba otra lidia. Se jugó el tipo por querer hacer una tauromaquia universal, pero este encaste necesita una más específica. Los momentos más sobresalientes llegaron al final de faena sobre una tanda de derechazos. El resto poco que contar.









