Morante y después

Si hasta el día 26 de abril la actual edición de la feria de abril de Sevilla estaba dando titulares y argumentos para la esperanza, a partir de ese día hay que considerar ya a este serial como histórico. Morante de la Puebla, otra vez él, puso la plaza boca abajo tras una faena antológica. Cortó un rabo, colapsó la ciudad, desató la locura y demostró lo grande que es el toreo.

 

 


Paco Delgado

 

 

Casi 52 años más tarde de que se concediese el último rabo en La Maestranza -el 25 de abril de 1971 fue Ruiz Miguel quien logró hacerlo-, Morante de la Puebla daba una vuelta de tuerca y conseguía ese apéndice tan caro y raro de ver en la moderna tauromaquia -severa, estricta y estirada en más ocasiones de las precisas- y se convertía en el tema de conversación de toda España y parte del extranjero, ocupando minutos de radio y televisión y portadas de periódicos ¡Un rabo en Sevilla!

Hay casi unanimidad -siempre está el severo, estricto y estirado de turno, gracias a Dios- en considerar justa esta concesión que viene a confirmar que este torero es único y, desde luego, diferente, total y absolutamente, a cualquier otro de sus colegas.

Ya en su anterior actuación en el abono abrileño había dejado constancia de lo especial de su toreo y de su personalidad, no consiguiendo mayores logros por detalles ajenos a su quehacer: toros que no terminan de romper, palco demasiado puntilloso, etcétera. Pero la tarde del día de san Anacleto -ya saben, el tercer Papa- se vio desde el principio que algo extraordinario iba a pasar.

Y si con su primero, muy justito de fuerza y finalmente parado, dejó ya lances de capa de una calidad excepcional, fue con el cuarto con que la tarde pasaría a la historia.

Desde su recibo capotero hasta la estocada -perfecta- todo fue especial. Cómo meció el percal, su apostura, su improvisación, su frescura -con tres lustros de alternativa…- su competencia en quites con Juan Ortega -su toreo de capa fue otro aliciente y acicate para el de La Puebla-, su variedad y repertorio, su rescate de suertes no muy frecuentes, el perfecto análisis de la condición del toro y cómo aplicó su lidia en consecuencia. Temple, suavidad, mando, plantas quietas, firmeza, ligazón, gracia, desplantes torerísimos, naturalidad, originalidad, inspiración, profundidad. Todo redondo, pausado, a cámara lenta, con gusto exquisito y dominio absoluto. Y una estocada impecable, inapelable, fulminante. En todo lo alto y hasta la gamuza. Los tendidos se tiñen de blanco y desde la presidencia, tan rácana otras veces, no hay ahora dudas: la dos orejas y el rabo. Y el pañuelo azul de propina. Y la locura. Y todo esto viéndolo desde la frialdad de la pantalla del ordenador y sin más compañía que la de mi perro, que no opina ni jalea; imaginen lo que sería verlo en directo y rodeado de miles de personas hipnotizadas por lo hecho en el ruedo por un torero que volvía a rendir homenaje a su idolatrado Gallito vistiendo un traje idéntico al que usara el de Gelves. La plaza era un manicomio que se desparramó al finalizar la función por una ciudad que se paralizó una vez que el cortejo que llevaba en andas al torero traspasaba la Puerta del Príncipe.

Lo del día 26 es una prueba más, pienso ya que definitiva, de que Morante es especial. Único. Indiscutible. Diferente. Su tauromaquia va más allá del estándar establecido en los últimos tiempos y al que se ciñen sus colegas con una facilidad que da qué pensar. Y que aburre muchas veces. Tras echarse Ponce a sus espaldas el toreo el año del confinamiento, fue Morante quien recogió el testigo del de Chiva y tiró para adelante, demostrando una capacidad y un compromiso que hacía tiempo que no prodigaba, convirtiéndose en la gran referencia del toreo post pandemia.

Y ahora,con lo del rabo, está claro que hay un Morante y un después de él. De momento, el Rey es él y habrá que ver cómo responden los que le quieran disputar el título.

Aunque nacido en Madrid y criado en Albacete, ha pasado ya más de media vida en Valencia, donde está afincado desde 1977. Socio fundador, en 1988, de la agencia de publicidad Avance D.P.S.L., sigue ejerciendo en ella como director de publicaciones y llevando el tema taurino en la misma.
Es responsable del área taurina de RNE en la Comunidad Valenciana y corresponsal del diario La Razón. Creador y director desde 1993 de Avance Taurino.

Es autor de más de setenta libros de temática taurina, entre ellos los resúmenes de las temporadas en la Comunidad Valenciana, desde 1994 hasta la actualidad; además ha escrito Historia de la tauromaquia en la Comunidad Valenciana, Una década en el ruedo, Tal día como hoy, El color en el toreo, De seda y oro, Historias de San Isidro, Historia de la plaza de toros de Alicante, Con la pata p’alante, Historia de la feria de fallas, Los toros son cultura ¡Claro que sí!, Caricatoros, Los toros en el siglo XXI, Camiserito… y las biografías de Vicente Barrera Cambra, Vicente Barrera Simó, Julián García, Maribel Atiénzar, Ivarito, Enrique Ponce o el toro Ratón…

Ha dado conferencias por toda España y comisariado y organizado exposiciones para Ayuntamientos, Diputaciones y numerosas entidades de nuestro país.