Símplemente respeto, artículo de Paco Delgado

Tras cinco años de ausencia de toros en Bogotá, por fin, el pasado día 22 de enero -otra fecha para la historia de la tauromaquia- se volvió a celebrar una corrida en la Santamaría, una de las grandes plazas del mundo y de mayor tradición, importancia y repercusión.

El capricho de quien fuera alcalde de la capital colombiana, el nefasto Petro -cuyo apellido hace honor a su rostro- fue invalidado por la justicia en 2015 y casi dos años después se ha reparado la cacicada, palabra que en este caso expresa a la perfección su significado.

Y con el retorno de las celebraciones taurinas a esta ciudad han quedado claras varias cosas. La primera, desde luego, es que la fiesta taurina tiene arraigo y tradición en este país -baste recordar que tan sólo nueve días después del 20 de julio de 1810, día de la Independencia, se celebró la primera corrida en aquella nueva república. Por no alargaranos y dejar constancia de que el toreo llegó a Colombia con la misma conquista, pues ya en 1532, seis años antes de que se fundara Santafé de Bogotá, en una pequeña población costera llamada Acia, entre los festejos que celebraron para recibir al gobernador Julián Gutiérrez, hubo una corrida-. Y así quedó demostrado el otro día, cuando la plaza se llenó hasta la bandera y hubo que poner el cartelito de “No hay billetes”. O boletería, como por allá se dice.

También es palmario que el anterior alcalde no podía en modo alguno ostentar tal cargo, pues, al menos en una democracia como se supone, no se pueden anteponer los gustos personales a los de la mayoría, y mucho menos un antojo. Y esta reflexión hay que hacerla extensiva a todo aquel, en Colombia o en la Cochinchina, que con cargo público y mando en plaza se pase por el forro la opinión de la población a la que representa, ojo, y no mangonea. Algo que por aquí también tendría que ser tenido muy en cuenta, tanto por los nuevos gobernantes, que creen que pueden hacer de su capa un sayo, como por la ciudadanía, que ya sabe a qué atenerse a la hora de dar su voto.

Por otra parte es evidente que el movimiento antitaurino tiene ramificaciones en todo el mundo y que las multinacionales que mantienen el invento siguen en sus trece, haciendo mucho ruido gracias a los indocumentados que recluta para su movida y a los que por una miseria -unos 3.000 pesos recibió cada uno de los manifestantes que fueron a insultar, agredir y vociferar a las puertas del coso, unos 9 euros al cambio- llevan a hasta la agresión física, lo que puede acarrear muy serios disgustos para estos agitadores de medio pelo.

Ha quedado patente, además, la poca o nula educación de estos supuestos defensores de los animales, viéndose qué se puede esperar no ya de ellos, al fin y al cabo unos mandados capaces de vender su alma al diablo por cuatro perras, y que agreden a personas para, supuestamente, defender a unos animales que, de tener conciencia y entendimiento, estarían horrorizados de sus defensores, sino de quienes les animan y azuzan, manteniéndose en la sombra y el anonimato para conseguir sus oscuros propósitos, secundados a través también de algunas asociaciones y grupúsculos a los que jalean y apoyan partidos de la nueva -e ignorante, revanchista y violenta- izquierda radical que no entienden que los aficionados a los toros – personas como ellos- asímismo tienen sus derechos, anteriores y mucho más ciertos que los que ellos pretenden asignar a los animales -que como tales no los tienen en la forma que pretenden- y que sólo piden, simplemente, respeto. Respeto para que se organicen festejos taurinos, legales y contemplados así en las leyes; respeto para asistir a los mismos y respeto para que nadie les insulte, veje o agreda por ello. ¿Tan difícil es de entender?.

Aunque nacido en Madrid y criado en Albacete, ha pasado ya más de media vida en Valencia, donde está afincado desde 1977.

Socio fundador, en 1988, de la agencia de publicidad Avance D.P.S.L., sigue ejerciendo en ella como director de publicaciones y llevando el tema taurino en la misma.

Es autor de alrededor de setenta libros de temática taurina, entre ellos los resúmenes de las temporadas en la Comunidad Valenciana, desde 1994 hasta la actualidad; además ha escrito Historia de la tauromaquia en la Comunidad Valenciana, Una década en el ruedo, Tal día como hoy, El color en el toreo, De seda y oro, Historias de San Isidro, Historia de la plaza de toros de Alicante, Con la pata p’alante, Historia de la feria de fallas, Los toros son cultura ¡Claro que sí!, Caricatoros, Los toros en el siglo XXI, Camiserito… y las biografías de Vicente Barrera Cambra, Maribel Atiénzar, Ivarito, Enrique Ponce o el toro Ratón…