Una anécdota más de Raul Acha “Rovira” torero nacido en Buenos Aires en 1.920 y fallecido en México en 2.007.
Toreó mucho en España en los años 40 y 50. Recuerdo que se hizo una publicidad muy curiosa, Alguien de su entorno se hizo con un sello de caucho que ponía “Qué bien torea Rovira”. El sellito de marras se colocaba en toda clase de papeles, incluidos los billetes en pesetas en distintas denominaciones. Se hizo famoso en toda España.
Alcancé a ver a Rovira en dos o tres corridas en Valencia, una tarde en Castellón y otra en San Juan en Alicante.
Torero poderoso,atlético, de buena estatura, un poquito desgarbado, casi, casi un “cigüeño”, buena técnica y considerable valor.
Tomó la alternativa en Barcelona en 1.946 de manos de Manolo Escudero y la presencia de Julián Marín. Como sería el éxito, que don Pedro Balañá, el patriarca, el auténtico, el buen aficionado y grandioso empresario, nada que ver con su hijo y sus nietos, lo contrató para siete tardes más.
Tras la muerte de Manolete en 1947, El trono del toreo lo quiso ocupar Luis Miguel Dominguín, pero Rovira se opuso y para ello toreó 4 tardes en Madrid en 1947 y otras 4 en 1948. Cortó en total 12 orejas, por lo que también quiso reclamar el número uno del toreo.
Pero bueno, me he ido por las ramas. Vamos con la anécdota.
Toreaba un tarde en Palencia y salió un astado de Pérez de la Concha, con todas las características de que estaba toreado. Nadie se atrevió a decir nada. Rovira que no podía con las injusticias, cuando el toro se aproximó a la barrera, desde un burladero, lo mató de un espadazo.
Al momento el delegado de la autoridad le dijo que el presidente lo esperaba en el palco. Subió al palco con el estoque en las manos, por si acaso. Bronca con el presidente, insultos, y un puñado de improperios de los de no te menees, pulguita. El presidente le anunció que después de matar su segundo toro y cuando terminase la corrida quedaría detenido.
Cortó dos orejas y fue paseado a hombros, cuando los costaleros salían de la plaza, les dijo. No, al hotel no, al hotel no. Llevadme al coche de cuadrillas. Convino con su mozo de espadas, que fuera al hotel a pagar, pero que él continuaba en el coche y así vestido de luces viajó por media España.









