Todo hace presagiar que la temporada que a punto está de dar comienzo será especial. Posiblemente acabe siendo el año en el que más valores jóvenes hayan irrumpido desde hace muchas décadas. Las figuras seguirán luchando por mantener su estatus, y los empresarios deberán saber barajar los nombres de los consagrados con los novedosos para ser justos con los toreros y conferir a los carteles el atractivo que la afición merece.
2017 se antoja un año clave, un punto de inflexión en la tauromaquia moderna. Aunque no habrá ruptura con lo establecido ni cambios radicales -me refiero a que las figuras seguirán toreando por merecimientos propios un número de corridas similar al que hasta ahora contrataban- parece seguro que en la mayoría de las ferias entrarán en juego nuevos valores que han despertado grandes ilusiones entre los aficionados gracias a sus legítimos logros sobre el albero. Al menos los primeros carteles de la temporada que ya se han anunciado dejan entrever que esa va a ser la tendencia a seguir a lo largo de una campaña que podríamos denominar de relevo.
Además de Roca Rey y López Simón, que en 2016 ya se instalaron entre los imprescindibles, los empresarios deberán dar cabida a un puñado de jóvenes que necesitan ser tenidos en cuenta tanto como el futuro de la tauromaquia depende de ellos. A sabiendas de que me olvidaré de alguno, no quiero dejar de nombrar a Garrido, Ginés Marín, Álvaro Lorenzo, Luis David Adame, Javier Jiménez, Galdós, Gonzalo Caballero, Venegas, Román o Varea entre otros.
Por otra parte intuyo que puede ser un año complicado para ese grupo de matadores que ocupan un lugar destacado en el escalafón pero que no han acabado de alcanzar el estatus de figuras. Les va a tocar apretarse fuerte los machos y salir a entregarse sin reservas si no quieren perder el vagón del tren que hasta ahora ocupaban. Porque, aunque todo indica que poco a poco estamos dejando atrás la crisis económica que nos azota, la cantidad de festejos no va a incrementarse y, por ende, los puestos disponibles para los matadores tampoco.
Y en ese sutil repunte de venta de entradas que parecer estar percibiéndose en algunos lares, ha tenido mucho que ver la buena labor empresarial. Sólo hay que repasar los carteles recientemente publicados para darse cuenta de que se trata de ciclos muy bien gestionados. Castellón es ejemplo de ello, una plaza que ha visto aumentar su número de abonados durante las pasadas campañas. Es incuestionable que Arles se ha transformado en otro modelo a seguir después de programar eventos que han consolidado su coliseo entre las citas más significativas del año. Sin duda Teruel será otro serial en auge el próximo mes de julio cuando Enrique Ponce homenajee a Víctor Barrio anunciándose frente a los de Adolfo Martín. Y Olivenza, a donde todos los matadores quieren ir. Cordialidad en las contrataciones, buenos carteles, ganaderías de garantías, excepcional ambiente y nulos problemas a la hora de cobrar. Con esos ingredientes los administradores de la plaza extremeña han convertido su feria en la primera perita en dulce de la temporada. No parece una gerencia tan difícil de copiar.
Alarmante es la situación que se les presenta a los novilleros. La manida crisis redujo todo tipo de espectáculos, algo que perjudicó en particular a las novilladas ya de por sí en minoría. Si a ello añadimos la rentabilidad que los empresarios buscan de forma lícita y que provoca que las dejen demasiado de lado, el resultado es más que preocupante, y no hay que olvidar que de su celebración depende el mañana del toreo. Tal cual sucede con el deporte base o en la forja de nuevos artistas de toda índole, los llamados festejos menores deberían estar amparados por una drástica reducción de impuestos que favoreciera su organización.
Si de inmediato se toma conciencia de este problema y se ponen en marcha posibles mecanismos para su solución, se puede asegurar que 2017 se presume un año significativo en el devenir de la tauromaquia. Los diferentes escalafones están repletos de motivos para ilusionar al público. Es cuestión de que los empresarios trabajen bien, de que sean justos con los toreros y ganaderías, y sobre todo respetuosos con el público.









