Rubén Pinar y Sergio Serrano salen a hombros en un festejo final emocionante y de mucho riesgo.
Albacete, 17 de septiembre.
Décima y última de feria
Tres cuartos de entrada.
Toros de Victorino Martín, muy serios y de juego dispar, destacando tercero y cuarto, premiado este con la vuelta al ruedo.
Rubén Pinar (de blanco y plata), ovación, oreja y oreja.
Sergio Serrano (de caña y oro), ovación, dos orejas y vuelta al ruedo.
Paco Delgado
Fotos: Alberto Núñez Aroca
Se cerró la feria con la repetición del cartel que el año pasado sirvió, con gran éxito, para abrochar aquel serial. Un mano a mano entre dos diestros de la tierra, Rubén Pinar y Sergio Serrano, ambos triunfadores en las últimas ediciones de este ciclo, enfrentados a toros de una de las ganaderías favoritas del público albacetense: Victorino Martín, que trajo una corrida muy seria, dura, correosa y con no poco peligro, aunque también los hubo con mayor claridad y posibilidades, dando en cualquier caso mucho mérito a lo hecho por los toreros.
Ovacionado de salida el primero, punteó el capote de Rubén Pinar, quedándose corto. Al inicio de la segunda serie con la muleta se coló por el pitón derecho ya con mucho peligro, revolviéndose y cabeceando. Probó Pinar por el otro lado pero el resultado fue el mismo: el de Victorino no pasaba. No quedó otra que la heróica y en ese registro solventó, con sus apuros, la papeleta.
Tuvo el tercero algo más de recorrido y romaneó en el caballo, aunque salió perdiendo las manos. Se desplazó más en la muleta y dejó estar más cómodo al de Tobarra, muy decidido y animoso aunque empeñado en torear al natural cuando por el derecho el toro fue más claro y las series por ese lado sirvieron para subir de tono su labor y llevarse la primera oreja de la función.
El quinto se frenaba bajo el engaño y le costaba pasar. Con machacona insistencia y fajándose con él, tirando más de corazón que de cabeza, compuso un trasteo miy emocionante por el mucho y continuo riesgo que asumió para redondear un triunfo grande.
Se fue Sergio Serrano a recibir a portagayola al segundo, un toro muy serio, casi cornipaso, pegajoso y codicioso. Se quedaba corto y reponía, pero dejándole la muleta en la cara y muy firme, Serrano fue componiendo un trasteo en el que no hubo lugar a la filigrana y sí al derroche de valor, jugándose la voltereta en cada muletazo que robaba.
Empujó con ganas el cuarto en varas. Aunque andarín tomaba el engaño con claridad y codicia, lo que aprovechó el de Albacete para firmar una faena muy templada y limpia por ambos pitones, muy cruzado y sometiendo al animal a base de valor y no poca determinación. Se tiró a matar a por todas y resultó cogido de mala manera, llevándose un buen susto y las dos orejas.
Tras pasar por la enfermería salió a por el sexto y se fue de nuevo a porta gayola, resultando arrollado y provocando el toro momentos de confusión y barullo entre la cuadrilla. Buscó rebajarle el genio y atemperar su brusquedad bajando la mano y aguantando terne los hachazos que le tiraba un contrincante que acabó haciendo imposible cualquier atisbo no ya de lucimiento, sino de sometimiento.











