Los miserables, artículo de Paco Delgado

Hace casi siglo y medio Víctor Hugo publicaba Los miserables, su gran obra, considerada como uno de los textos más conocidos del siglo XIX. La novela, de estilo romántico, plantea a través de su argumento un razonamiento sobre el bien y el mal, sobre la ley, la política, la ética, la justicia y la religión. Y no es por nada que siga plenamente vigente.

Unos días atrás la Guardia Civil detuvo a dos personas, una en San Sebastián y a otra en la ciudad valenciana de Cullera, a quienes se imputa, además, delitos de odio y contra la integridad moral. Se trata de comentarios vejatorios contra Adrián Hinojosa, el niño de ocho años enfermo de cáncer que quiere ser torero y para quien se organizó el festival celebrado en Valencia el pasado día 8 de octubre.

Hay que ser miserables para hacer algo así. Preferir la muerte de un niño, enfermo además, antes que la de un animal -creado y criado para ese fin-, indica que algo no funciona bien en las cabezas no sólo de quienes mandan esos mensajes pestilentes, sino en las de quienes les alientan y jalean.

Los personajes del novelista francés parecen totalmente depravados, corruptos, viles y odiosos. Pero la realidad siempre supera a la ficción y no estaría de más, profundizar en aquellos que fueron capaces de cometer estos actos. Es muy raro que aquellos que han llegado tan bajo no hayan sido degradados antes. Llega un punto en que los desafortunados y los infames – y esto lo decía el propio Hugo- son agrupados, fusionados en un único mundo fatídico.

El odio contra todo lo que signifique tauromaquia -en una mal entendida cruzada contra el maltrato animal- está llegando demasiado lejos y habría que tomar medidas urgentes y contundentes. Pero por aquí somos muy dados a lamentar más que a prevenir y así nos suelen ir las cosas. El temor a perder un voto, al que nos señalen con el dedo por defender tus ideas, gustos y principios, el miedo al qué dirán, a la remota posibilidad de dejar de ganar un euro por significarte, nos está llevando a una situación que puede que sea más tarde muy difícil de atajar y no digo ya solucionar. Recordemos una de las tantas ocurrencias de nuestro gran Jacinto Benavente y tengamos en cuenta que sólo hay que temer a nuestros enemigos cuando empiezan a tener razón. Y no es el caso…

De todas formas, y como parece que desde nuestras más altas instancias no se tiene intención de mover un dedo al respecto -bueno, en esto ni en nada que no sea subir impuestos y sacarnos hasta las entrañas-, conviene no dejarse llevar por nuestro primer impulso y tratar de seguir las indicaciones de Borges: Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos.

El que fuera presidente de los USA hasta su asesinato en Dallas, John Fitzgerald Kennedy, siguiendo su educación católica aconsejaba que perdonásemos a nuestros enemigos, pero, siguiendo los consejos de sus muchos amigos de la mafia -esto es un buen ejemplo de poner una vela a Dios y otra al diablo- también repetía que jamás olvidásemos su nombre, no en vano quien te la jugó una vez es fácil que vuelva a hacerlo. Y aquí habría que meter en el mismo saco tanto al que comete la acción como al incitador y al que nada hace por impedirlo ni castigar.

Y aunque sea muy taurino y muy nuestro, no hagamos otra vez el Tancredo.

Aunque nacido en Madrid y criado en Albacete, ha pasado ya más de media vida en Valencia, donde está afincado desde 1977. Socio fundador, en 1988, de la agencia de publicidad Avance D.P.S.L., sigue ejerciendo en ella como director de publicaciones y llevando el tema taurino en la misma.
Es responsable del área taurina de RNE en la Comunidad Valenciana y corresponsal del diario La Razón. Creador y director desde 1993 de Avance Taurino.

Es autor de más de setenta libros de temática taurina, entre ellos los resúmenes de las temporadas en la Comunidad Valenciana, desde 1994 hasta la actualidad; además ha escrito Historia de la tauromaquia en la Comunidad Valenciana, Una década en el ruedo, Tal día como hoy, El color en el toreo, De seda y oro, Historias de San Isidro, Historia de la plaza de toros de Alicante, Con la pata p’alante, Historia de la feria de fallas, Los toros son cultura ¡Claro que sí!, Caricatoros, Los toros en el siglo XXI, Camiserito… y las biografías de Vicente Barrera Cambra, Vicente Barrera Simó, Julián García, Maribel Atiénzar, Ivarito, Enrique Ponce o el toro Ratón…

Ha dado conferencias por toda España y comisariado y organizado exposiciones para Ayuntamientos, Diputaciones y numerosas entidades de nuestro país.