El pasado día 4 de diciembre, en las páginas de Sociedad del diario La Razón, el director de Avance Taurino, Paco Delgado publicó un artículo titulado “No odiarás”.
Delgado se refería a las vejaciones, insultos y toda clase de barbaridades que el niño Adrián ha recibido por manifestar que, su sueño cuando sea mayor, es querer ser torero.
El pequeño Adrián que sufre la enfermedad llamada Sarcoma de Ewing, recibió hace unos días el alta hospitalaria y ha vuelto a manifestar su deseo de querer ser alguien cuando sea mayor en el mundo de los toros.
Adrián recibió hace unas semanas un merecido homenaje en Valencia, por parte de varios profesionales del mundo de los toros, encabezado, como no podía ser de otra manera del ´valenciano Enrique Ponce. Allí estuvieron presentes toreros como El Soro, Vicente Barrera, Rafaelillo, José Garrido, Román y Fernando Beltrán.
A raiz de ese festival, las redes sociales se llenaron de insultos, de la peor manifestación de odio. “Que se muera”, “Anda ya,Adrián vas a morir” “Un niño enfermo que se quiere curar para matar herbívoros inocentes, muerete ya”.
Como verán, ya no se puede destilar más odio. Desear la muerte de un niño de ocho años. Solamente porque cuando sea mayor quiere ser torero. Un periodista en un programa de TV, manifestó que desgraciadamente se estaba instituyendo el odio en España.
No le falta razón a quien opina de esa manera. El odio en sus más distintas manifestaciones. En desear la muerte de una persona. En no ser capaz de perdonar a nadie, que no opine como tu. En querer tener siempre la razón y opinar de algo en que no se tiene ninguna experiencia ni conocimiento.
Repito, el odio por norma y conducta.
Ciceron decia: Odienme con tal de que me teman.
Por su parte Lord Chesterfield afirmaba: La gente odia a quienes le hacen sentir su propia inferioridad.
Alfhonse Daudet sentenciaba: El odio es la cólera de los débiles.
Y por último la cita de Boileau en Le Latrin: ¿Puede caber tanta hiel en el alma de la gente devota?
Buen artículo el tuyo, Paco, “No odiarás”. Una vez más te has echado la muleta a la mano izquierda.
Y el que quiera entender, que entienda.
Pues eso. Laus Deo,









