Sin pena ni gloria

La escasa casta de los novillos de López Gibaja estranguló las ganas de los novilleros.

Las Ventas, 1 de octubre.

Cuarto festejo de feria.

Ganado de Antonio López Gibaja.

Alejandro Fermín, aplausos y silencio.

Ignacio Olmos, silencio y silencio.

Alejandro Adame, ovación y silencio.

 


Miguel Ángel Herráiz

 

Vinieron los novilleros con actitud, ganas, entrega y dispuestos a triunfar en este festejo de la Feria de Otoño celebrado en Las Ventas. No escatimaron esfuerzos pero enfrente tuvieron a los novillos de Antonio López Gibaja que no dieron facilidades ni se entregaron como los de a pie, salvo el tercero que correspondió a Alejandro Adame. Su segundo y los que correspondieron a Alejandro Fermín y a Ignacio Olmos fueron de muy distinto comportamiento y juego, escasa casta y no permitieron el lucimiento.

Tres veces fue al caballo el primero de Alejandro Fermín pero enseguida perdió las manos. A la muleta llegó escaso de fuerzas lo que no fue óbice para que por el pitón derecho degustásemos una serie pulcra, honda y rematada con un excelente pase de pecho. En el discontínuo, parado y escaso de fuelle segundo, aunque se puso en el sitio, la falta de continuidad y la irregularidad del novillo no permitió lucimiento alguno a pesar del esfuerzo y valor demostrado por Alejandro.

No tuvo posibilidades Ignacio Olmos en ninguno del lote que le tocó. El primero salió suelto en el capote, manseó en varas y cuando en la muleta le intentó bajar la mano levantaba la cara al final del muletazo, sacó genio y hubo de darlos de uno en uno por ambos pitones arriesgando mucho. Algunas templadas verónicas es lo único que pudo sacar del pegado al suelo quinto de la tarde, aunque lo intentó por ambos pitones el astado fue a su aire, soltó la cara por el derecho, no seguía a la muleta y ni derrochando valor en el sitio fue posible lucirse.

Verónicas acompasadas rematadas con dos medias y una larga cordobesa fue el saludo capotero de Alejandro Adame a su primero que tuvo movilidad y prontitud en la muleta y al que toreó despacio, por el izquierdo, tirando de él e instrumentando una buena serie por el derecho abrochando con un pase de pecho que caló en los tendidos, para proseguir con series por el izquierdo dadas con sentimiento, hondura y algún punteo en la ejecución. Se tiró a matar empujando con todo el cuerpo pero el novillo no cayó y hubo de dar varios descabellos que, sin duda, le privaron de cortar oreja. Ovación. El novillo fue aplaudido en el arrastre. Al último de la tarde le costó pasar, tuvo poca fuerza, fue áspero, derrotó, buscó y fue reservón.