Cortó dos orejas en un festejo en el que Finito de Córdoba y El Fandi fueron silenciados.
Vistalegre, 18 de mayo.
Sexta de feria. Menos de un cuarto de entrada dentro del aforo permitido.
Toros de Fuente Ymbro, ásperos y descastados.
Finito de Córdoba, silencio en su lote.
El Fandi, silencio en los dos.
Daniel Luque, ovación y dos orejas.
Miguel Ángel Herráiz
Fotos: Andrew Moore
Entendió a sus dos toros. Supo sacar lo mejor de cada uno. Consintió cuando era necesario y les obligó lo justo para que no se enfadaran. Lo realizó con claridad de ideas, conocimiento, técnica, versatilidad, colocación, decisión, arte y excelente ejecución por parte de Daniel Luque.
La corrida fue seria, áspera, reservona pero Luque demostró poseer oficio para mandar lo suficiente a su serio toro segundo que capoteando se le venía al cuerpo, no descomponer la figura y lidiar con el desigual desplazamiento del toro sin tener que salir corriendo. Comenzó la faena de muleta junto a las tablas dándole recorrido y rematando con preciosura por abajo llevándole a terrenos del tercio sin obligarle demasiado. Supo dar la distancia precisa y acoplarse colocando la muleta en el lugar adecuado para aprovechar la moderada fuerza, y recorrido del astado, sin que se le quedara a la altura del cuerpo, y si apenas pasaba le perdía pasos para poder ligar. Cuando cambió a la izquierda se le vino cerca y consiguió sacárselo pero en los siguientes muletazos había que dárselos de uno en uno con decisión y sentimiento. Con un insuperable volapié finalizó la faena.
Detalles con su toreo a la verónica tuvo Finito y pudo estirarse en algún muletazo por el derecho. Sin opciones en el otro que en la muleta apenas se desplazó y levantaba la cara. El Fandi destacó con una larga cambiada de rodillas y brilló en banderillas.












