Lo de Movistar lo veo a saltitos. No da toros porque no hay toros y nos conformamos con los enlatados. Pero hace unos días me encontré con el debate sobre la información taurina, con un grupo que quiero suponer todos profesionales. Mucho tópico y pocas ideas, algunas irrealizables porque además los toros no tuvieron nunca muchas simpatías en los Medios Informativos y ahora menos que nunca.

Ricardo Díaz-Manresa
Para empezar distingamos entre crónica e información. La crónica según me enseñaron en las viejas Escuelas de Periodismo y en las modernas Facultades es la realidad más la opinión personal, la noticia más el yo. Mientras que la información es acumulación de datos objetivos para llegar a la verdad y que cada uno se forme la suya.
Antes, había cronistas leidísimos como Corrochano, Clarito o Díaz Cañabate que atraían a los lectores por su valía de escritores o por su amenidad y también, cómo no, por su sabiduría taurina. O en la radio, Julio Gallego Alonso. O Curro Meloja, lo contrario del aburrimiento.
Ahora, menos nivel porque el periodismo además ha bajado en todas sus especialidades. No es un fenómeno exclusivamente taurino: ocurre en el cine, en el teatro e incluso en el fútbol. Pocos cronistas arrastran ni influyen. Antes, una crítica podía llenar cines y teatros y también plazas de toros para seguir a un torero. Ahora…
Y en cuanto a la información ¿no la han echado de menos en el 2020 y lo que llevamos del 21? La solución no está en hacer cursos de periodismo con pocos profesores periodistas, muchos advenedizos, algunos taurinos y hasta políticos . Menos tópicos y más saber de toros. Y, lo más importante, tener lo que no se aprende: instinto profesional de lo que interesa a la masa.
Hace falta mucha más información o, al menos, toda la que se pueda dar. ¿y se da?, ¿se busca?,¿la facilitan? Sí, claro, El Mundo mandó este invierno a Zabala al erte…
La información, lo escribo tras muchos años en el periodismo, nunca fue atractiva salvo excepciones, realizada por personas aficionadas en su mayor parte pero no cualificadas, que conseguían su gran objetivo de entrar gratis a los toros. La mayoría se limitaba a la crónica. Y trabajaban en sus respectivas profesiones que era lo que les importaba.
Estaban en lo fácil que es el verano, la temporada y, y nunca en lo difícil, el invierno.
Había menos medios informativo que ahora, pero radios y periódicos muy potentes y personajes singulares, muchos que vivían de las ferias y que asistían a ellas desde emisoras y periódicos con influencia limitada. Una vez en Pamplona le preguntaron al simpático Gaspar Manuel, con no buenas intenciones, dónde escribía. Respuesta magistral: en las paredes…pero me leen más que a vosotros…
Ahora sólo se pueden salvar los digitales y Movistar, están ahí todos los días durante todo el dia, pero ¡ay los periódicos escritos, las emisoras y las televisiones!. Y me cuentan la aberración de los jefes de prensa, que antes no había e iba todo mejor, que tapan o esconden a sus toreros para que no hablen. Todo pegas. ¡Exactamente lo contrario de lo que hay que hacer!
Como está todo inventado, la solución es tener ganas de hacerlo bien y fijarse en informadores de deportes : más información de fuera de los estadios que la de los partidos, todo lo que se mueve en bambalinas, todo lo que el público quiere saber, que en los toros lo ocultan. Y a todas las horas… Así interesan más a la masa. ¿Les suena?









