Esta semana se cumplió el XX aniversario del fallecimiento del matador de toros salmantino Julio Robles. Tenía 49 años, y desde hacía varios se encontraba en una silla de ruedas, de resultas del grave percance que sufrió en la plaza francesa de Beziers.

Enrique Amat
Fue el 13 de agosto de 1990. Aquel día, el toro Timador, de Cayetano Muñoz, le volteó al lancearle con el capote. El torero cayó mal, sufriendo una lesión en el raquis cervical que le dejó postrado en una silla de ruedas.
Julio había tomado la alternativa el 9 de julio de 1972 en Barcelona de manos de Diego Puerta con Paco Camino de testigo, con la cesión del toro Clarinero de Juan Mari Pérez Tabernero. Y la confirmó el 22 de mayo de 1973 en Madrid. En esta ocasión el padrino fue Antonio Bienvenida y Palomo Linares el testigo con el toro Pernote de Caridad Cobaleda. Julio fue uno de los espadas más importantes de su época.
El que fuera gran amigo del torero y excelente taurino, José Luis Díaz, publicó un libro de relatos en el que Julio tiene un especial protagonismo.
Como explica su propio autor, “Alma torera”, es un libro de relatos. Tres de ellos, están dedicados a Julio Robles, un torero con el que compartió momentos entrañables en su juventud.
En esta obra, se relata una divertida peripecia que vivieron ambos en Benidorm, con dos chicas italianas y su caniche.
También se refleja la presentación de Robles como novillero en la plaza de “Las Ventas” de Madrid. El autor le acompañó la noche antes en el Hotel Victoria.
Otro de los relatos, está dedicado al torero Curro Romero, que pasará a la historia, como uno de los grandes mitos de la tauromaquia.
Y el último, es una historia un poco sarcástica, sobre las supersticiones de la gente en general, y de algunos toreros en particular.









