Días pasados se celebró el CX aniversario del nacimiento de Miguel Hernández. Y en el patio del Palau del Temple de Valencia, sede de la Delegación del Gobierno, tuvo lugar un acto en el que, entre otros, participó el Ministro de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes, en el marco de su ya famosa visita a Valencia, en la que dio abiertamente la espalda a los profesionales del toreo.

Enrique Amat
Y es que tras editar su primer poemario, Perito en Lunas, Miguel viajó a Madrid para
tratar de abrirse paso como escritor. El escritor José María de Cossío le escogió como secretario personal y le contrató como uno de los redactores de la enciclopedia Los toros, que por entonces estaba elaborando. En ella colaboró en la redacción y edición de los cuatro primeros tomos, y escribiendo muchas biografías de toreros. Entre las que salieron de su pluma sobresalen las de José Ulloa Tragabuches, Rafael Molina Lagartijo, y el precursor del belmontismo, Antonio Montes.
La tratadista argentina Graciela Susana Puente Iglesias escribió una tesis doctoral, titulada Miguel Hernández, poética taurina, que se publicó en Buenos Aires por la editorial Botella al Mar en 2006. En ella se analiza la poesía taurina del escritor de Orihuela. Para ella, el toro, considerado el símbolo por excelencia de España, es un elemento al que Miguel le confiere un valor especial, atribuyéndole significados como amor, destino trágico, virilidad, muerte, sexo, soledad y celos.
En Perito en Lunas, Miguel Hernández escribe dos octavas con temática íntegramente taurina. Una, la titulada Toro, en la que se encuentran los siguientes versos:
¡A la gloria, a la gloria toreadores!
La hora es de mi luna menos cuarto.
Émulos imprudentes del lagarto,
magníficos el lomo de colores.
Por el arco, contra los picadores,
del cuerno, flecha, a dispararme parto.
¡A la gloria, si yo antes no os ancoro,
golfo de arena, en mis bigotes de oro!.
Y en la titulada Torero escribe:
Por el lugar mejor de tu persona,
donde capullo tórnase la seda,
fiel de tu peso alternativo queda,
y de liras el alma te corona.
¡Ya te lunaste! Y cuanto más se encona,
más. Y más te hace eje de la rueda
de arena, que desprecia mientras junta
todo tu oro desde punta a punta.
Por otra parte, en El rayo que no cesa se incluyen cuatro sonetos taurinos. En uno de ellos se dice:
Silencio de metal triste y sonoro,
espadas congregando con amores
en el final de huesos destructores
de la región volcánica del toro.
El soneto diecisiete comienza de esta manera:
El toro sabe al fin de la corrida,
donde prueba su chorro repentino,
que el sabor de la muerte es el de un vino
que el equilibrio impide la vida.
En el veintitrés se encuentran unos versos que se hicieron muy célebres:
Como el toro he nacido para el luto
y el dolor, como el toro estoy marcado,
por un hierro infernal en el costado
y por varón en la ingle con un fruto.
En el último de estos sonetos taurinos, el veintiocho, concluye:
La muerte, toda llena de agujeros
y cuernos de su mismo desenlace
bajo una piel de toro pisa y pace,
un luminoso prado de toreros.
Hernández tuvo gran afición por las corridas de toros. Su amistad con Ignacio Sánchez
Mejías le llevó a escribir el drama titulado El torero más valiente. Se trata de una muestra de teatro poético, subtitulada Tragedia española. Una obra inspirada en la muerte de Ignacio en Manzanares. No la pudo ver estrenada y fue en la revista El Gallo Crisis de Orihuela donde se publicaron las escenas IV y V de la misma, en el mes enero de 1935. Y hubo que esperar hasta el año 1986, cuando Agustín Sánchez Vidal logró reconstruirla y editarla ya de forma completa. En esta obra aparecen como personajes Ramón Gómez de la Serna y José Bergamín, y además sitúa una escena, durante el tercer acto, en el café Pombo de Madrid, como homenaje al mundo cultural de Madrid.
En el lenguaje poético de esta obra existen, en opinión del estudioso Francisco Díez de Revenga: “Actualizaciones, algunas de signo político y social muy curiosas”. Y cita dos ejemplos. El primero, la cogida de Joselito, cuando Ignacio dice:
Fui al quite
valiente y sereno
pero el toro estaba
cebado en su cuerpo
y ya no se iba/ comunista obrero
al partido rojo/ que de manifiesto
le puse mil veces/ delante del belfo.
O estos versos, cuando José quiere retirarse de los toros, y dicen a qué se va a dedicar:
¿A qué? Pues a obrero
sin trabajo: a lo que está
dedicada media España.
Y a lo que parece que España está abocada otra vez, con la pandemia y la crisis económica. Mientras tanto, quienes deben gobernar y llevar este país a buen puerto se dedican a atacar la lengua española, a dictar leyes sobre transexuales, a crear un comisariado político para atacar la libertad de información, a la censura, al cambio climático, a llenarse la boca de esas vacuas expresiones como progresismo, sostenibilidad, transparencia, movilidad, al estúpido buenismo y a las políticas inclusivas, pero exclusivas de lo que a ellos no les gusta.
Pues, mal que les pese, Miguel Hernández, torero.









