Finito de Córdoba: “La afición me mantiene vivo”

En la que era su segunda corrida de esta temporada, Finito de Córdoba firmó en la plaza de toros de Antequera una faena para el recuerdo. Indultó al toro Doctor de Zalduendo, tras una labor plena de torería y sabor. Y de nuevo Juan Serrano está en boca de todos los aficionados.

 

Enrique Amat

Cuentan y no hablan de Antequera

La tarde de Antequera fue emotiva. Me hizo sentirme muy feliz. El toro Dorado de Zalduendo me hizo vivir sensaciones muy bonitas. En un año tan extraño como este, tan atípico para nosotros y con tantas desgracias que están pasado en el mundo, fue como una bocanada de aire fresco. Y qué curioso que el toro se llamase precisamente Doctor. Por eso, aquello va por todos los médicos y toda la gente de la medicina y la sanidad que se están todos están entregando, sufriendo y padeciendo por sus semejantes todos estos meses.”

 

Un toro de gran clase.

“Lo cierto es que con el capote el toro no me gustó, hizo cosas extrañas de salida. Pero luego mi banderillero Lipi le dio una buena lidia. El toro, a pesar de su deficiente salida, tuvo de entrada dos virtudes, ya que humillaba y obedecía mucho. Luego, el toro escarbó, pero no como defecto sino, por así decirlo, para coger velocidad para embestir con más entrega. Porque tuvo ritmo, se atemperaba mucho en el embroque, colocaba bien la cara, tenía flexibilidad en el cuello, y bondad en la mirada. Fue un gran toro y el indulto lo pidieron todos los espectadores.”

 

El tema de los indultos no deja de generar polémicas.

Yo soy consciente que los indultos están levantando debates, pero pienso que la fiesta gana con cosas como ésta. El toro ya está en casa y se está curando bien. En todos los indultos, a los ganaderos les corresponde aceptarlos, pero esta vez también lo pidieron todos los espectadores. Y todos salimos ganando”.

 

Dicen que la mirada del toro dice mucho.

“A mí me impresiona más la mirada de un toro que el trapío, que los pitones. Por encima de todo, es lo primero en lo que me fijo en un astado. Qué es lo que en realidad me asusta y me puede llegar a agobiar. El trapío es relativo. El volumen y los pitones no me imponen tanto. No me da miedo el tamaño o las puntas de un toro, sino que le temo a su mirada y a sus ideas. Y es que a mí me gusta comunicarme con él, estudiar e intuir sus reacciones. En 33 años que llevo en la procesión, esto me ha ayudado a estudiar sus reacciones, a corregir y a mejorar.”

 

Y si la tarde de Antequera fue importante, en Valencia todavía se acuerdan de un 26 de julio de 1989.

Valencia es una tierra a la que adoro, donde se me quiere y tengo muchos amigos desde el primer día. Allí llegue siendo un niño aquel 26 de julio de 1989. Lo cierto es que el tipo de la novillada de Galache era extraordinario. Y su juego. Era lo que se mataba por aquel entonces en las novilladas. Encastes buenos y variados y novillos con hechuras. Que te permitían hacer el toreo. Como aquella tarde. Me acuerdo de mis compañeros esa tarde, Rafael Valencia y Jorge Mazcuñán. Ahora se lidia otro tipo de astados y los chavales, con muy poco bagaje, tienen que matar animales a contra estilo, verdaderas corridas de toros. Nosotros llegábamos con 400 vacas toreadas, muy rodados, y ahora apenas pisan el campo. Esto no lo deberíamos permitir. Antes el trapío estaba dentro de una seriedad, pero era más normal y los novillos embestían. Salían muchos muchachos y había más facilidades para desarrollarse en la profesión.”

 

Usted se hizo torero en Barcelona, y dio sus primeros pasos en Isla Fantasía.

Por aquel entonces era un parque de atracciones muy grande, el mayor parque acuático de Europa. Nosotros vivíamos en Cataluña porque mi padre trabajaba en la construcción. Y allí surgió la posibilidad de empezar a torear. Nos juntamos muchos chicos que queríamos ser toreros. Yo fui muy feliz.  Eran unos concursos. Llegué a tres finales. En una quedé octavo, en la segunda, ya vestido de luces, el segundo y luego gané el trofeo a la tercera. Con aquel premio, de 250.000 pesetas, de las de entonces, me compré dos capotes, dos muletas y un traje corto.”

 

Siempre quiso ser torero.

“Primero dije que rejoneador, pero me duró nada. Eso sí, decidí no estudiar. Ahora, con la perspectiva, pienso que los chavales deben estudiar, la formación en la vida es fundamental. Pero yo con 15 años me fui con mi padre a la construcción. Fue un tiempo precioso, lo recuerdo con cariño, aunque fue muy duro. Y después de trabajar entrenaba. Y el dinero que ganaba, los dedicábamos a poder ir a tentaderos y prepararme.”

 

Aunque cordobés, habiendo nacido en Cataluña, y habiéndose hecho como torero por allí, le debe dar mucha pena la situación que ahora se vive.

“Han cambiado mucho las cosas y me entristece mucho. Yo comencé en esta tierra, a la que adoro. Es más, el 40 % de mi familia sigue allí. Recuerdo que todos los domingos le despertaba de la siesta a mi padre para ir a la Monumental. Y luego, como torero hice 36 paseíllos en aquella plaza, abrí 12 veces la puerta grande, indulté un ovillo, corté un rabo de novillero. Yo le cuento todo esto a mis hijos, y lo hago así, como un cuento, como algo maravilloso. Incluso hay una anécdota. Cuando iba de chico allí a los toros, quería ver la capilla, y no me dejaban entrar nunca. Y quería asomarme a lo que se escondía detrás de ese terciopelo color burdeos, para ver lo que había dentro. Luego, ya de torero lo pude hacer y fue una gran satisfacción.”

 

La de Antequera fue su segunda corrida, tras la de Ávila en el mes de julio. Aquel día sucedió algo curioso

Lo cierto es que tengo la satisfacción de haber matado el primer toro en una plaza de después de la pandemia. Fue en Ávila. El tema es que uno es torero y persona y yo, cuando no estoy bien, pues bueno lo reconozco. Pero aquel día frente a mi segundo toro hice un esfuerzo, el público me lo reconoció y me hicieron salir al tercio saludar. Entonces un señor desde la barrera me insultó, exhibió la entrada, me dijo más que a un perro. Yo llegue entre barreras y le dije a mi mozo de espadas que le pagase aquel señor, que estaba enseñándome la entrada con su precio. Sacó dos billetes de 20 euros, que eran justo su precio y se los di. Y le dije que nunca volviera a faltar el respeto a una persona vestida de luces delante de un toro. Y menos por 40 €. La gente estuvo conmigo a aquel hombre se lo recriminaron.”

 

Su carrera, larga, no estado exenta de altibajos.

“Yo siempre he intentado satisfacer al público, a los aficionados, a la gente que me quiere. En Valencia gente que recuerdo como Paco Puchol, Soriano, Jaime Sanz, a los feligreses por así decirlo, que tengo por toda España. A veces se consigue y otras no. Yo ha habido épocas en las que no me llamaba nadie, ni siquiera me llamaban los de Ono o Vodafone.” 

 

Es triste cuando uno cae en el olvido. Ni le llaman ni le ponen.

“Si uno merece el puesto, si se lo dan a otro compañero, no pasa nada. Pero si la gente sigue queriéndote ver y les interesas y no te metes con nadie y por circunstancias no te ponen, sin saber cuál es el motivo, es duro. Yo he estado en Valencia y en Castellón y he quedado bien, y luego no me han puesto el año siguiente y no se acuerdan de llamarme. Esta es la tristeza y el problema del sistema taurino que nos afecta. Yo solo quiero que me traten con respeto. Sé que igual he estado puesto muchas veces sin merecerlo. Y he toreado mucho, por ejemplo, cuando estaba en la casa Matilla.  Puedo ser desigual, pero siempre intento estar bien. Pero no siempre querer es poder. No soy ambicioso ni exijo torear cincuenta corridas, pese a que considero que estoy preparado para ello. Sólo quiero que me traten con respeto.

 

Con el paso del tiempo cambia la visión de las cosas.

Ahora me entreno de otra manera, tanto psicológica y como físicamente. Todavía me siento joven y preparado y si hay un toro que me permita hacer disfrutar al público y a mí mismo, allí estaré. La afición me mantiene vivo. Gracias a Dios la vida y la salud me respeta y puedo seguir siendo torero. Es muy bonito lo que me ha sucedido, escuchar los olés, de la afición que ha sabido esperarme. Disfrutar de ello. A lo largo de mi trayectoria me han sucedido tantas cosas, para bien o para mal, que lo que me pueda ocurrir en adelante, no va a sorprenderme”

 

El Sexto Califa está por llegar.

Yo voy a seguir haciendo méritos. Sería una gozada, porque he paseado el nombre de Córdoba por todo el mundo.  Pido perdón cuando no he podido dar más de mí. Mi gente, mis seguidores igual me han exigido demasiado, o han esperado mucho de mi, lo que es un honor. Yo me habré equivocado y me he podido despistar alguna vez y otras veces he acertado y siempre en el ruedo me he sentido feliz.”

 

Tomó la alternativa hace 30 años en Córdoba.

“Aquel día yo llegué a la plaza en una nube. Venía con mucho cartel, con mucho ambiente como novillero puntero, creía que me iba a comer el mundo. Y cuando vi a Paco Ojeda, me impactó el maestro. Llegué al patio de cuadrillas y me impresionó mucho aquello y me achiqué. Yo soy de los toreros que acusó el paso del novillo al toro, me costó casi dos años hacer esta transición. Ojeda me dijo que me tenía que tomar esto en serio, que estaba orgulloso de darme la alternativa y que iba encontrarme muchas dificultades en esta profesión, pero que tuviese fe y que tenía una gran proyección. Y luego se pegó un arrimón que no veas. Me dejó helado”.

 

Muchas tardes buenas y otras malas en tantos años de profesión.

“De todo ha habido. Y todo lo he asimilado.  Hasta en las que me han herido, porque eso forma parte de la profesión, una profesión como esta, tan maravillosa y exigente a la vez. Recuerdo con especial cariño la tarde de mi debut de luces en 1987 en Santiponce. Se lidiaron novillos de Juan Pedro Domecq y el mío fue de Paquirri y alterne con Luis de Pauloba, El Palli que es el hermano de El Cid y el Niño de la Venta del Águila. Aquello me hizo mucha ilusión, después del esfuerzo que había hecho mi padre para que yo torease. Y es que mi padre siempre apostó por mí. Me reñía si no estaba bien. Porque él hacía un esfuerzo muy grande para que yo fuera torero. Me inculcó en la fortaleza, en las ganas de vivir, en la afición. Mi madre nos decía a mi padre y a mí que estábamos locos. Pero mi padre la respondía: “Mira, yo tengo que hacer de Juan un torero. O si no alquilaré uno.”

 

Hay por ahí un tal Juan Gabriel que apunta maneras.

“Es mi hijo, ahora está un poco despistado. Está estudiando, pero le gusta esto. A veces le llevo al campo, y torea con una gracia y una personalidad innatas. Tiene algo especial, tiene gusto y ya veremos. De momento tiene afición, pero yo no quiero que se despiste, lo importante es que estudie.”

 

Foto: Martínez Cantero

Nacido en Valencia en 1959. Ha desempeñado su labor en diversos medios de comunicación como Radio Nacional de España, Hoja del Lunes, EL SOL, El Toreo, Toros 92, 6 toros 6, El Taurino Gráfico, El Ruedo, La Lidia, Tendido Alto y LEVANTE EMV, aquí desde 1989 hasta 2016.

Es autor de más de veinte libros de temática taurina y es comisario de la exposición permanente del Museo Taurino de Valencia.

Ha pronunciado conferencias en las sedes del Instituto Cervantes de Beirut, Amman, El Cairo, Casablanca, Almaty, Sofía y los Clubs Taurinos de Londres y Nueva York.

Desde el año 2012 dirige el Foro Taurino del Casino de Agricultura de Valencia y dirige el programa Tendido 1 en Play Radio 107.7 FM.

En la actualidad es redactor en los portales Avance Taurino y Tauroimagenplus, así como en la revista de la Unión de Federaciones Taurinas de España (UFTAE) y colabora en el programa de radio “Toros con El Soro” de Intereconomía Radio y El Remolino de Ocho TV.

Desde septiembre 2019 dirige el programa Tendido 1 en Play Radio 107.7 FM.