Salvador Távora, en los ruedos y en los cielos. Un artículo de Enrique Amat

Con la muerte de Salvador Távora la escena española ha perdido a uno de sus más grandes referentes de los últimos tiempos. No sólo la escena, sino asimismo el flamenco y la tauromaquia, artes a las que consiguió unir y fundir en sus producciones teatrales.

Salvador Távora Triano nació en Sevilla en 1930. Director teatral, cantaor y autor, quiso ser torero. Aprendió a torear junto a Rafael el Gallo y llegó a actuar en los ruedos entre los años 1952 y 1960. Se prodigó en plazas andaluzas, como las de la Real Maestranza de Sevilla, Utrera y Camas.

Anunciado con el apodo de Gitanillo de Sevilla, llegó a presentarse como novillero con picadores en Madrid. Fue la tarde del 30 de agosto de 1953. Ese día se lidiaron novillos de Alicio Tabernero de Baz y uno de Julia Cossío. Alternó en esta ocasión con Lorenzo Guirao Morenito de Córdoba y Alfredo Leal. Resultó herido de pronóstico reservado y sólo mató un novillo.

Se retiró de las plazas el 21 de agosto de 1960 en la plaza de Palma de Mallorca, tras dar muerte al toro que acabó con la vida del rejoneador Salvador Guardiola, en cuya cuadrilla actuaba aquel día como sobresaliente. Guardiola falleció por las lesiones sufridas al caerse del caballo.

Una vez concluida su carrera taurina, creó el grupo de teatro popular La Cuadra, que apareció en el panorama escénico español a finales de 1971. Inspirándose en las manifestaciones del vivir cotidiano del pueblo andaluz, fue capaz de elaborar un lenguaje teatral peculiar, que introducía muchos elementos extra teatrales, y que supuso una auténtica revolución en la escena española. De esta forma, con el montaje de la obra titulada Quejío, fue el primer dramaturgo en utilizar el arte flamenco como vehículo de la expresión dramática.

Posteriormente, creó los espectáculos Carmen Don Juan de los ruedos. En ellos, la novedad consistió en que se lidiaban o rejoneaban toros dentro del desarrollo de la representación, lo que produjo una inusitada expectación y el interés del público, si bien aquello no estuvo exento de polémicas.

De esta forma, el día 25 de julio del año 2000 en la localidad catalana de Peralada, con el aditamento de toreo de salón, y el inmediato 3 de agosto en Fuengirola, en esta ocasión ya en la plaza de toros de la localidad, Salvador Távora estrenó su obra Don Juan en los ruedos. Una ópera popular de caballos y cantes. En ella se propuso fundir dos ceremonias: la del teatro y la de la corrida. Dos liturgias y una ritualidad iconográfica. Este Don Juan recoge el flamenco, los toros y Andalucía como argumento. El arte de la seducción y la muerte. El toreo y don Juan, el toro y la conquista. El juego con el toro y la lucha con la atracción del sexo. Don Juan, según la propia compañía La Cuadra en la presentación de la obra: “es una apuesta por la modernidad llena de contenido, por la tradición abierta y, naturalmente, por los supuestos estéticos y éticos de La Cuadra”. En el proyecto se contó con la asesoría y la intervención del rejoneador Ángel Peralta, a quien se encomendó el primer Don Juan y las exhibiciones ecuestres de salón, aunque la parte real del rejoneo corrió a cargo de Álvaro Montes.

Y hubo otro don Juan de a pie, que fue el torero malagueño Javier Conde. En la organización de la parte taurina de la obra colaboró el empresario y apoderado Paco Dorado. Al espectáculo se sumaban otros cincuenta y cinco artistas más, entre actores, bailarines y la banda de música, que interpretaba obras de Granados, Chueca, Ravel y Mozart, entre otros.

El hecho de que se programase la lidia de los toros dentro de la representación levantó una gran polémica. De esta forma, en su estreno en 2000 en Peralada, hubo que sustituir a los animales por actores, debido a la prohibición catalana de las corridas de toros. Finalmente, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña acabó dando la razón a Távora. Pero el daño ya estaba hecho. Los espectáculos fueron puestos en escena en muchas plazas, como la Maestranza de Ronda y la de Sevilla, e incluso en América.

Tanto en esta representación, como en la titulada Carmen: ópera andaluza de cornetas y tambores, basada en el personaje creado por Merimé, el objetivo era reflejar el estremecimiento que le producían a Távora las corridas de toros, producto de su experiencia en los ruedos. “Mi propuesta era el resultado de la unión de una corrida de toros sin tiempos muertos y del teatro sin fingimientos. No jugamos al cartón piedra, la muerte nos ronda de verdad. No se sabe dónde empieza el ritual taurino y dónde el teatral”, aseguraba.

Con todo y, aunque defensor de las corridas de toros, llegó a manifestar que “podría quitarse la muerte del toro en los festejos, tal como ocurre en Portugal. Y aunque el toro no muriese en la plaza, la muerte seguiría presente en las corridas, entre los pitones del toro, rozando los muslos de los toreros.

Salvador Távora seguirá, ahora desde el cielo creando arte con el teatro, los toros y el flamenco.

Nacido en Valencia en 1959. Ha desempeñado su labor en diversos medios de comunicación como Radio Nacional de España, Hoja del Lunes, EL SOL, El Toreo, Toros 92, 6 toros 6, El Taurino Gráfico, El Ruedo, La Lidia, Tendido Alto y LEVANTE EMV, aquí desde 1989 hasta 2016.

Es autor de más de veinte libros de temática taurina y es comisario de la exposición permanente del Museo Taurino de Valencia.

Ha pronunciado conferencias en las sedes del Instituto Cervantes de Beirut, Amman, El Cairo, Casablanca, Almaty, Sofía y los Clubs Taurinos de Londres y Nueva York.

Desde el año 2012 dirige el Foro Taurino del Casino de Agricultura de Valencia y dirige el programa Tendido 1 en Play Radio 107.7 FM.

En la actualidad es redactor en los portales Avance Taurino y Tauroimagenplus, así como en la revista de la Unión de Federaciones Taurinas de España (UFTAE) y colabora en el programa de radio “Toros con El Soro” de Intereconomía Radio y El Remolino de Ocho TV.

Desde septiembre 2019 dirige el programa Tendido 1 en Play Radio 107.7 FM.