Reflexiones de madrugada “El maestro”

El maestro.

por Paco Villaverde.

 

Ya volví de Madrid donde estuve para asistir a una corrida de toros y no fui solo desde Valencia, era el día de Valencia en San Isidro, dos toreros valencianos pisaban el ruedo venteño, con veintisiete años de diferencia, aspecto este que dice mucho de la renovación o por lo menos del intento de renovación de la secular torería valenciana. No fueron pocos los aficionados de “La Terreta” que vi en los pasillos y tendidos de la plaza, y en el callejón ya vi también a nuestros nuevos políticos de La Diputación, me parece muy bien que asistieran, era el día de Valencia en Madrid y el apoyo debe de ser incondicional. Ahora si alguien me pregunta quien pagó el viaje de los políticos, tengo que decir que no los sé, pero a mi no me parecería mal que lo pagara la Diputación; era el día de Valencia en Las Ventas, tenemos que acostumbrarnos a que si queremos que nuestros políticos nos apoyen en momentos importantes estos vayan y vayan con gastos de representación. A mi me parece muy bien, lo mismo de bien que cuando lo hacían los anteriores diputados, aunque fueran sin asesor. Tienen que estar.
La corrida fue del Puerto de San Lorenzo (Atanasio- Lisardo, o lo que es lo mismo Conde de La Corte- Murube) este aspecto ha pasado un poco desapercibido, o por lo menos yo no lo he detectado en los medios y mentiremos de aficionados. Ponce se anuncia con un hierro que no todas las figuras lo quieren, hasta hace unos años cuando Ponce mataba las cabañas de este encante en todos sus hierros, les llamaban comerciales, cuando los dejaba de matar pasaban al saco de las corridas duras. Ponce, durante toda su carrera, ha hecho por torear distintos encantes y este en particular lo ha mantenido durante casi veinte años en sus distinto propietarios. Volvía Ponce a Madrid después de un año de ausencia, el año catorce se le recibió ya en Maestro y se le agradeció, sacándolo a saludar a los medios, el esfuerzo de tirar del carro de una temporada que estuvo marcada por la cornada gravísima que sufrió el de Chiva en Valencia y por el boicot de cinco figuras a la temporada sevillana. Decía yo que volvía y volvía en un cartel donde todo el peso de la corrida recaía sobre sus espaldas: Toros del Puerto de San Lorenzo, el cuarto tris de Valdefresno, Enrique Ponce, Daniel Luque y Roman que confirmaba alternativa. El primer éxito fue el casi lleno de la laza, un entradón, pero lo grande de verdad vendría en la faena para el recuerdo de su primer toro de la tarde, 618 Kg pesaba el galafate, salió mezucón, enterándose de todo. Derribó y empujo en el caballo durante un largo espacio de tiempo. Mientras levantaban al jamelgo derribado, con coraza y todo, mi vecina de localidad me decía que eso le encantaba a su madre, pues no sé que decir, pero es parte de lo posible, Ponce hábilmente se llevó al tren de mercancáis al picador de puerta, para cuando quisieron levantar todo aquello que andaba desparramado por el suelo, el torraco ya estaba listo para los garapulleros. ! Que bonito es ver banderillear por lo clásico ! que diría un castizo, ya que estamos en el foro.
El Maestro Ponce se fue al toro después de haber pedido el pertinente permiso al Usía y de decirle al Rey emérito aquello de
“Con su presencia engrandece nuestra fiesta” por cierto deberían de estudiar la ubicación del monarca para evitar unos paseillos que al final se traducen en güasa popular.
Y Ponce sacó el libro de la tauromaquia para explicar el toreo eterno, el de siempre. Cuando se salía a los medios, con doblones por abajo, procurando alargar al máximo la embestida del toro y viendo la posibilidad de ir bajándole la cabeza que se negaba a descender a la arena, el público se reencontró con el toreo, se empezó a abandonar a un disfrute de vuelos de toreo, de compas semi abierto, de pies juntos, de mando y de abandono corporal y todo esto con un torazo de 618 Kg del Puerto. El viento hizo una pequeña ruptura con la unidad de faena, per retoma con la derecha lo que había dejado de intentar por la izquierda y volvió el toreo y los de pecho y los pases de trinchera y los de la firma y la gente se preguntaba ¿ Donde coño estaba el toreo metido? y es que de tanto toreo de prestidigitación y recortes varios se nos había olvidado el toreo de siempre. Siguió Ponce porque estaba en comunión con el público y aquello había tocado a su fin y Ponce no se quería ir, cosas de la felicidad. El toro de puso difícil para matar, aunque matarse se mató, pero las orejas se esfumaron con la frialdad del acero, frío el metal que no el público que ovacionó al valenciano de una manera que no se suele ovacionar a nadie.
Luque no tuvo toros para el triunfo, aunque estuvo queriendo y por momentos muy torero.
El novel fue todo entusiamo y tantas ganas como bisoño estuvo el rubio desmelenado valenciano. El público lo acogió en su seno y si no es por el fallo con la espada hasta le concede una oreja después de tres Porcinas muy rematadas atrás.
Ala!! y nos fuimos Alcalá arriba en busca de un taxi para contarle al taxista la emoción de haber visto el toreo, y que mas da si el taxista era solo del Atleti y no estaba para oír lo de la maestría de Ponce. A alguien se lo tenía que contar…