En España tenemos la costumbre de hablar mucho de algo y al día siguiente , silencio total. Los medios desinformativos españoles son maestros en esta costumbre. Analizan poco para intentar solucionar o reformar lo necesario.
Ricardo Díaz-Manresa
Y lo escribo porque Pamplona pensará ya en los sanfermines del 2019 pero hay que analizar lo ocurrido en los de este año. Muchísimas cosas para comentar pero me voy a limitar a los encierros.
Siguen siendo la marca internacional por excelencia, su talismán, su bandera, su inigualable imán en la mayoría de los cinco continentes. Lo más importante y singular de Pamplona.
Añadan que tiene la plaza más grande tras las Ventas y un abono total para todos los festejos como ninguna otra. Estos son sus dos bastiones que mantienen a Pamplona en el primer plano y que tapan todo lo demás, que es bastante y cada año más.
Está claro que los encierros están cambiando. Y este año se ha aumentado la sorpresa de los datos. Ocho encierros y dos cornadas por asta de toro y afortunadamente ninguna de las dos graves. Se dice pronto : 48 toros del mayor trapío sueltos por las calles ante una multitud que a veces les impide casi el paso y sólo, y menos mal, han corneado a dos mozos. En masculino porque ahora hay que precisarlo todo. 48 toros para dos aunque, claro, cada mañana de seis en seis, pero –bueno- el dato da que pensar.
Hay razones por las que puede estar ocurriendo esto y ya desde hace tiempo:.
Calles con antideslizante que impiden caer a los toros.
Y a los corredores.
Antes, una situación de peligro siempre y todos los días con las caídas numerosas de astados y mozos.
Toros entrenadísimos en las ganaderías corriendo muchas veces con los cabestros en la finca donde se crían, con lo que el encierro no es una situación nueva, del todo, para ellos.
Entrenamientos de los mozos, con muchos, pero muchos, atletas entre ellos.
Van a toda velocidad, como los toros. Y los encierros transcurren en tiempo mínimo.
Los toros –y lo recalco- van pegados a los cabestros y a veces no se distinguen unos de otros.
Y muchas veces los cabestros van delante de los cornudos de dos pitones y cuatro años, lo que impide a los mozos correr y tropezarse con los toros.
Parece a que estos toros de ahora son menos agresivos que antes, que daban cornadas a diestro y siniestro en cuanto tenían oportunidad.
Ahora, más que intentar coger, simplemente chocan. Manda la velocidad.
Aquí hay dos pensamientos que dudo sean buenos para el encierro y su leyenda.
Uno. Parece que se está convirtiendo en una carrera deportiva con tantos toros y mozos preparados para correr a toda velocidad.
Dos. Interesa muchísimo el récord entre dos o tres minutos de tiempo y quién lo rebaja más.
Cuál es el encierro más rápido.
Pero estos cambios no van a darle más leyenda, emoción e interés a las carreras de toros y mozos sanfermineros. Al revés.
Se lo dice uno que ha visto todos los encierros en los últimos 50 años al menos, o en Pamplona o por la tele. Tanto tiempo, todos los días y sin falta uno.
Antes, más emoción. Ahora, más récord deportivo.
No sé cuál es la solución para que la velocidad no se lleve la emoción y la tradición. Tenemos para pensar hasta julio del 2019.









