Me he fijado mucho en el público de Las Ventas los días que llevamos de San Isidro. Y en general la asistencia ha bajado. El personal se inclina como es lógico por los toreros buenos y conocidos. Sin embargo en épocas anteriores, no tan lejanas, los llenos eran diarios. Única también en eso.
Antes de continuar, y para que se me entienda bien, diré que Las Ventas sigue siendo para mí la mejor, la más importante, la de mayor repercusión, la soñada por los toreros. Y la más temida.
En definitiva, la primera.
Y entrando en materia, parece que desciende o se estanca el número de abonados. Llevo pidiendo por escrito a la oficina de comunicación de Plaza Uno algunos pocos datos:
Número de abonados en la anterior feria de otoño.
Número de abonados que renovaron para San Isidro
Número de nuevos abonados para la feria actual
Y finalmente el número total de abonados ahora.
El silencio ha sido la respuesta. Bueno, no. Una sola frase que no entiendo : “No se hace diferencia entre nuevo abonado”. Pero ni un número. Tampoco el año pasado. Y la ocultación de estas cifras, que –por supuesto- tiene la empresa Plaza Uno no dice para mí nada bueno. Tendrán que tapar algo y, además, la transparencia para los medios informativos es nula. Mal asunto. Ellos sabrán por qué lo hacen.
El anterior jefe de prensa, de Taurodelta, José María Baviano, me los facilitaba rápidamente.
Eso sí, dan unas cifras diarias que no se entienden porque no hay tornos para saber cuántos espectadores acuden cada tarde, aunque utilizan aparatos electrónicos. Los mismos que en 2ª B del fútbol español, pero que no sirven –por algo será- para la 2ª A y la 1ª, donde se exigen tornos en todos los campos.
Total, que hay menos espectadores y el cemento algunos días ha sido mucho.
Y hasta ahora dos “No hay billetes” en 13 tardes.
No han servido por tanto, ni la gran gala de presentación, que debe continuar. Ni el despliegue de publicidad como nunca, que es necesario. Ni tampoco la campaña de torsos desnudos.
Y la plaza además está rara. Parece claro que, cuando bajan los abonos, llega más público de aluvión.
Los espectadores son cada año más diferentes de un festejo a otro. O cuando el cartel baja o cuando los abonados regalan sus entradas. O cuando coinciden ambas circunstancias. En las de rejones se nota mucho.
Y vemos una plaza más orejera y, por tanto, con menos exigencia y algunos trofeos fáciles. Que el presidente para atender a la mayoría taurina (un pañuelo de cada 10) concede la oreja. Una cosa es la mayoría taurina, jaleo y pañuelos, y otra la de la mitad más uno, que es la verdadera.
El tendido 7 está poco activo y parece que son menos.
Picar tampoco es una exigencia para todos los toros.
Y algunos salen flojos y escasos de trapío pero no se arman las marimorenas de antaño.
Y meriendas cada vez más. Una cosa es merendar en el descanso como en Granada, Valencia, Murcia etc y otra durante la lidia, durante la lidia, con bandejas desde tortilla de patatas hasta dulces. Y cajas y bandejas de aquí para allá para grupos no pequeños. Merendando tras el tercero y acaban cenando sobre las nueve y pico.
Esto es lo que ocurre. Lo digo y que lo califiquen los lectores.
Y también digo que la Plaza de Las Ventas sigue siendo la que más miedo da, la de los rugidos únicos del público, la que continúa como la más seria del mundo, la de los olés más rotundos, la única que sigue dando y quitando, la que ofrece el espectáculo más auténtico de todo el orbe taurino y la que programa con éxito 34 días seguidos de espectáculos. Nadie, ni el todopoderoso fútbol, puede igualarlo. Imposible. Ni se les ocurre.









