El corazón de Vicente Ruiz El Soro le dio un susto el otro día. A él y a toda la gente que le quiere.
A Vicente, ese su corazón tan grande que tiene, parece que por un momento se le cansó. Parafraseando al escritor José Luis Olaizola: “se le cansó el corazón, del formidable trabajo de amar”. Un corazón que hoy parece ya estabilizado. Pero que a su propietario, el bueno de Vicente, le tocará cuidar a partir de ahora un poquito más. O un mucho más.
Ahora es cuando quienes le quieren, quienes le queremos, más tenemos que ayudarle. Que estar a su lado. Y también él mismo debe dejarse ayudar. Es una encomienda que todos tenemos. Vicente el primero.
El corazón es uno de los grandes ingredientes de ese fenómeno que se empezó a crear hace casi ya cuatro décadas, y que hoy todavía se sigue conociendo como sorismo.
Decía Pablo Neruda aquello de “Es tan corto el amor y tan largo el olvido.” Pero el sorismo es incompatible con el olvido.
Porque el sorismo es algo más que una religión. Que una creencia. Que una moda. Que un movimiento.
El sorismo surge en Foios, en plena huerta valenciana. Alrededor de la figura de Vicente Ruiz El Soro, un espada nacido en esta localidad. Y a su estela se creó toda una filosofía de la vida. Una forma de ver las cosas, de sentir, de querer y de vivir, que se extendió entre amigos e incondicionales. Un movimiento que más tarde se proyectó por todos los rincones del planeta taurino, y que vistió durante dos décadas la tauromaquia de naranja y oro. Porque el sorismo está en Foios. Está en Valencia. Está España. Y en Francia, en Portugal, en México, en Venezuela, en Colombia, en Ecuador.
El sorismo responde perfectamente a la personalidad de su titular. El sorismo es explosión, el sorismo es pasión. El sorismo es entrega, espíritu de sacrificio, afán de superación, ilusión. El sorismo es venirse arriba ante la adversidad. El sorismo es supervivencia. El sorismo es pueblo, es cercanía, es amabilidad, es cariño, es afecto. El sorismo es fe. El sorismo es esperanza. El sorismo es gente. El sorismo es capricho. El sorismo es un sí y un porque sí.
Y a pesar del transcurso de los años, el sorismo continúa vigente. Ningún otro movimiento, pasado y presente, ha tenido la virtud de crear a su alrededor un fenómeno igual y tan duradero. Quizá solo sea comparable con el currismo en Sevilla.
El sorismo es todo un sentimiento, toda una religión, toda una forma de sentir y de ver la vida. El sorismo es el pueblo, es la admiración, es el cariño, es el afecto. El sorismo es y será siempre un “a pesar de todo”.
El sorismo es uno y trino. El sorismo es un fenómeno por momentos inexplicable e inconcebible. Pero el sorismo, de no haber existido, habría que haberlo inventado.









