“El olor a alcohol y Jumillano”
Se trata de una de las historias más curiosas que relataba hace unos años el diestro Emilio Ortuño “Jumillano”.
– Las tardes en que tenía que torear, cuando entraba en el restaurante del hotel y olía a alcohol, no fallaba, horas más tarde, una cornada.
Un día en San Sebastián amaneció lloviendo. Desayuné, y me fui a misa. Seguía lloviendo,
Regresé más tarde al hotel y tras una frugal comida, me vino el olor a alcohol.
Bueno, hoy no me importa pensé. Con lo que está cayendo la corrida se va a suspender. Así es que hoy no habrá cornada. Cesó la lluvia. Se celebró la corrida, otra cornada.
Ese mismo año, me hospedaba en Madrid en el hotel Alcalá. Por la tarde tenía corrida en Madrid, pero llovía intensamente. Así toda la mañana. En una mesita del bar del restaurante había restos de café y refrescos, pero no había alcohol.
Sobre las dos de la tarde dejó de llover. Se celebró la corrida. Mi segundo toro cogió a mi banderillero Agustín Díaz “Michelín”, padre del actual director del cine Agustín Díaz Yanes. Lo estampó contra la barrera. Al recordado Chicuelo II también lo empitonó contra las tablas, quedando los pitones clavados en la madera, pero el torero resultó indemne.
Cuando terminé la faena de muleta, en un pase de pecho, me cogió por el muslo y en el suelo me pegó una cornada en el recto.
No lo pude evitar, pero inmediatamente pensé, pero si hoy no he olido a alcohol…









