Los sevillanos lo sevillanizan todo y a veces esto significa que lo exageran para salirse con la suya. Los conozco bien y desde hace muchos años porque soy sevillano consorte, casado con una sevillana de larga y completa tradición familiar, de abuelos y tatarabuelos en la ciudad de la Giralda y con importantes miembros en el toreo, especialmente su abuelo y su padrino de bautismo.
Por tanto, me pienso lo de Sevilla.
Pero afirmo para empezar y es cierto: el cenit del toreo estar en abrir la Puerta del Príncipe de Sevilla y salir por la Puerta Grande de Madrid. Y supongo que, para llegar al cenit, todo debe ser redondo, si no puede llegar a perfecto. Y sin redondez ni perfección podríamos dar una larga lista de toreros que han salido por la famosa e idolatrada Puerta.
En la pasada feria de San Miguel la abrieron para Pablo Aguado, que encantó a la gente e incluso para muchos, entusiasmados, parecía que no habían visto otra cosa mejor en su vida ¡La de comentarios y alabanzas que se han podido ver desde los encargados de hablar en la dichosa Canal Sur!. Difícil volver a oír tantos piropos juntos. Y difícil ver a un público tan contento y entregado.
Para empezar, un dato: Pablo Aguado es el torero que más he seguido de todos los que he visto en muchos años, y los he visto a todos. Lo sigo desde cuando aspiraba a torear sin picadores. Y por la coincidencia de que una cuñada mía sevillana era muy amiga de una tía del torero y me presionaba para que escribiera de Pablo mientras que yo me defendía preguntando que si había actuado alguna vez. Le seguí sin picadores, donde empezó a destacar, le seguí con picadores donde estuvo a punto de estancarse, lo seguí en la alternativa donde sufrió un fuerte parón, le seguí en aquella tarde mágica, sorprendente e inesperada de Sevilla tras lo cual empezaron, hace años ya, a darle toros y, por supuesto, lo he seguido desde entonces hasta que se ha buscado y encontrado un sitio en las ferias.
Y llega la de San Miguel 2026. Templado, bello y creativo en su faena al primero. Loca la plaza y las dos orejas. Pero nadie parece haberse dado cuenta de que Pablo torea siempre con mucho pico y nunca se los pasa cerca. Pero, en fin, con el pico torean todos y por la faja se los pasan pocos. La actuación fue estupenda para el público actual y muy bonita para el toreo.
Y ya se vislumbraba que tenía que pasar muy poco en el sexto para la Puerta soñada ya que el público lo quería así y lo demás no importaba ni la faena de Roca Rey al 5º, infravalorada. Sólo importaba el 6º, en el que hizo una faena inferior a la del 3º, pero con bastantes detalles. Tenía todo a favor y ganada la tercera oreja, pero la espada no hizo efectos rápidos, se demoró con el descabello y pasó el tiempo mientras la apoteosis esperada de la Puerta se diluía. Pero quía. El público tenía decidido que había oreja y puerta pero el balón había dado en el palo y no era gol. Pero quía. Para ellos sí y la pidieron mayoritariamente y la concedió el presi. Pedida democráticamente y concedida con la masa que siempre tiene razón, dicen, aunque muchos sabios afirman rotundos que casi nunca. Pero lo sevillanos decidieron sevillanizar la Puerta del Príncipe como otras tantas veces y nadie les podía hacer cambiar de idea. Y hasta el grito entusiasta: ¡ Pablo Aguado, torero de Sevilla! ¿No se notaba?
Pues enhorabuena a Pablo Aguado llevado a hombros hasta el Colón y a todos los que se lo pasaron tan bien viendo abrirse la Puerta.






