El precio de la afición. Artículo de Carlos Bueno

La política de precios y abonos influye tanto en el éxito de una feria como la calidad de sus carteles. En un momento en el que los costes aumentan y el ocio compite por cada euro del espectador, encontrar el equilibrio entre la rentabilidad empresarial y el acceso del público se ha convertido en uno de los grandes desafíos de la Fiesta.

 

 

 

Cada vez que se presentan unos carteles, la atención se centra en los nombres de los toreros y las combinaciones ganaderas. Sin embargo, hay otro cartel que acaba teniendo una influencia decisiva en el éxito o el fracaso de una feria, que es el de los precios.

 

Los costes de organización de una corrida aumentan año tras año. Los cachés de las principales figuras representan una parte muy importante del desembolso y mantener un coso abierto exige afrontar numerosos gastos de personal, veterinarios, seguros, impuestos… Nadie puede pedir a un empresario que trabaje a pérdidas. Pero tampoco puede ignorarse que el aficionado dispone hoy de un presupuesto mucho más limitado para el ocio y de una oferta de entretenimiento infinitamente mayor que hace apenas dos décadas.

 

El problema no reside únicamente en el precio de una entrada para una corrida concreta. Cada vez son más habituales los abonos cerrados, los paquetes de festejos o las fórmulas que obligan al espectador a adquirir varios espectáculos para poder acceder a las tardes más atractivas. Desde el punto de vista empresarial resulta una estrategia comprensible porque garantiza ingresos anticipados y ayuda a sostener los festejos de menor demanda. Sin embargo, desde la óptica del aficionado ocasional puede convertirse en una barrera.

 

Muchos espectadores desean asistir únicamente a una o dos corridas al año, precisamente aquellas en las que se anuncian las grandes figuras. Cuando descubren que deben adquirir un pack y aceptar condiciones poco flexibles para conseguir una buena localidad, algunos optan por quedarse en casa.

 

La fidelidad del abonado merece reconocimiento. Es quien sostiene las plazas temporada tras temporada, incluso cuando los carteles no despiertan un entusiasmo especial. Pero proteger al abonado no debería ser incompatible con atraer nuevos públicos. La tauromaquia necesita cuidar a quienes siempre están, pero también facilitar la entrada a quienes podrían convertirse en los aficionados del mañana.

 

Hay que entender que cada nuevo espectador representa una inversión de futuro. Porque una plaza llena genera ambiente, prestigio y afición. Y pocas campañas publicitarias resultan tan eficaces como la imagen de unos tendidos repletos disfrutando de una gran tarde de toros.

 

La calidad artística seguirá siendo el principal argumento para llenar las plazas. Pero una política de precios inteligente puede marcar la diferencia entre una feria simplemente correcta y otra verdaderamente exitosa. ¿Cómo rebajar precios sin que provoque un déficit? Conseguir rebajas fiscales, como tienen otras actividades culturales, y obtener ingresos atípicos, es el trabajo que debe asumir el sector. Al fin y al cabo, la primera puerta que debe abrir la tauromaquia no es la de chiqueros, sino la de la taquilla.

Nació en Algemesí (Valencia) en 1968.

Director y presentador de programa taurino “El Corro” de Berca TV, Televisión de Algemesí, desde 1996.

Director y presentador del programa taurino “Patio de Cuadrillas” desde su creación en 2002, pasando por LP Radio, Punto Radio, Gestiona Radio e Intereconomía Radio.

Articulista de la revista “Avance Taurino” desde 1998.

Redactor del semanario taurino “Aplausos” desde junio de 2004 hasta agosto de 2005 y director del periódico “La Veu d’Algemesí”.

Ha escrito los libros «Luis Francisco Esplá, toreador», «Plaza de toros de Algemesí» y «Sueños de gloria».