Vuelta para Castella y Ureña en Las Ventas

Dura y complicada corrida de Victoriano del Río, con un toro de banderillas negras.

 

Las Ventas, 6 de octubre.

Cuarta de la Feria de Otoño.

Casi lleno.

Toros de Victoriano del Río, el quinto condenado a banderillas negras.

Sebastián Castella, silencio tras aviso y vuelta al ruedo tras aviso.

Paco Ureña, silencio y vuelta al ruedo tras dos avisos.

Ginés Marín, silencio en los dos.

 

 


Miguel Ángel Herráiz

Foto: Plaza 1

 

Toros de Victoriano del Río (1º, 2º, 3º, 6º) y Toros de Cortés (4º, 5º) de buena presencia y desigual comportamiento. Los de Victoriano del Río mansearon, apenas transmitieron y la condena a banderillas negras que sufrió un toro en ningún momento supone una honra para la ganadería de procedencia. Durante las faenas del cuarto y quinto, difíciles y problemáticos, hubo emoción cuando se enfrentaron a Sebastián Castella y Paco Ureña, porque ambos estuvieron por encima de los toros y les plantaron cara con poderío y valor, enfervorizando al público que disfrutó de la suficiencia de ambos. Por momentos mientras toreó Ureña, pareció que estaba lidiando un toro de principios del siglo XX.

Castella saludó a su primero con verónicas bajando el capote y ganando terreno. Ureña se lució en su quite por templadas verónicas a compás abierto. Replicó Sebastián por excelentes tafalleras, media verónica y vistosa larga a una mano. Rafael Viotti lidió inmejorablemente. Inició con la muleta templando con suavidad por estatuarios y espaldinas. Por el derecho mostró fijeza. Por el izquierdo sufrió enganchones y comenzó a pararse. Su escasa fuerza no le posibilitó mayor duración. Su segundó embistió al capote sin pasar aguantando Sebastián con valor y quietud. En cinco ocasiones acudió al caballo huyendo al sentir el hierro. Con decisión inquebrantable y asentamiento inició de muleta respondiendo el toro con prontitud y codicia, pasándoselo con vibrantes muletazos por ambos pitones. Menos limpios y lucidos resultaron por el izquierdo. Finalizó por manoletinas. Su buen hacer mereció una gran ovación con saludo desde el centro del ruedo y posterior vuelta volviendo a saludar desde el mismo sitio.

El primero de Ureña flojeó en el capote. Fue manso, feble y soltó la cara constantemente en la muleta. En su segundo el Presidente cambió el tercio sin haber recibido el toro capotazo alguno. Ocho veces entró al caballo de ambos varilargueros sin dejarse picar. Fue condenado a banderillas negras. Los de plata lo pasaron francamente mal y Curro Rivas tuvo que tirarse de cabeza al callejón. Inició de muleta en el centro del ruedo soltando la cara a mitad del muletazo. Aguantó parones. Por el izquierdo sufrió un arreón, hizo el esfuerzo, se cruzó y soportó más parones e irregularidades. Volvió al derecho cruzándose y citó de frente aguantando la embestida y el exigente embroque. Finalizó semigenuflexo con excelentes doblones por abajo. Entró a matar y fue volteado por el pecho quedando mermado en el albero. Cuando se repuso alargó la mano en una violenta embestida del astado y cobró una estocada. Fue dificilísimo descabellar consiguiéndolo al cuarto intento. La lidia resultó heroica. El público le premió con una gran ovación, saludó desde el centro del ruedo, dio una vuelta al anillo y repitió saludo desde el tercio.

Ginés Marín tuvo un manso y huidizo primero que buscó tablas al que estoqueó con acierto. Su desentendido y estático segundo no le dio opción alguna.