Ventura fue el que más cerca lo tuvo

El matar mal a su segundo le privó de premio.

 

Las Ventas, 26 de mayo.

Decimoquinto festejo de la Feria de San Isidro.

Lleno de “No hay billetes”.

Toros de Niño de la Capea para rejones y Montalvo y José Vázquez, sexto, para lidia a pie.

Diego Ventura, silencio y ovación.

Cayetano, silencio y silencio.

Ginés Marín, ovación y palmas.

 


Miguel Ángel Herráiz

Foto: Plaza 1

 

Toros de El Capea (1º y 4º) para rejones, de Montalvo (2º, 3º, 5º y 6º) y un sobrero de José Vázquez (6º bis). Los de El Capea dieron juego, tuvieron movilidad y ayudaron en la conexión con el público. Los de Montalvo carecieron de entrega, tuvieron escaso recorrido y duraron poco. Diego Ventura estuvo bien en el primero con la mala fortuna de que el toro tardó en caer y en su segundo, con el público entregado, mató mal. Cayetano, aún no repuesto del percance ocurrido hace dos días en Las Ventas, hizo el esfuerzo pero tuvo un manso venido a menos y otro que acabó defendiéndose. Ginés Marín mostró entrega ante uno con poca movilidad, que soltaba la cara, y en el otro de escaso recorrido mostró firmeza y decisión.

Diego Ventura recibió con Guadalquivir a su primero en los medios fijándolo con pequeños círculos y dejándolo bien colocado para clavar arriba, en segundo intento, el rejón de castigo. Con Fabuloso dio una vibrante vuelta y media al ruedo, cerca de tablas, con el toro rozando la cola del caballo y clavó bajo. A continuación en los medios y a pitón contrario dejó en buen sitio la banderilla. Con Bronce haciendo círculos en el centro, y mirándose de frente toro y caballo, dejó una arriba con el público a su favor. La nobleza, movilidad y fijeza del astado permitió vistosos y arriesgados quiebros. Finalizó con dos rosas, con ajuste, dando giros completos antes de proceder a su colocación. Después del rejonazo tuvo que bajar para rematar. El toro tardó en caer y se enfriaron los ánimos. A su segundo lo recibió con Velázquez en los medios y dejó dos rejones de castigo arriba. Con Nómada cabalgando junto a tablas a dos pistas colocó al estribo en lo alto. Cambió a los medios para dejar una banderilla arriba, precedida de dos rápidos y vistosos giros completos antes de su colocación, y otros dos con posterioridad. Poderío demostró atacando de frente quebrando en el centro del ruedo y dejando con cercanía una arriba, para salir, sin apenas espacio, de la suerte. En los medios a lomos de Bronce y sin cabezal, citó de cerca a caballo parado, dejando arriba un par a dos manos que enfervorizó al respetable. Con Lusitano clavó una rosa y tocó a continuación reiteradamente la testud dando círculos completos alrededor del toro. Estuvo desacertado con el acero.

Cayetano recibió por verónicas a su primero, cinqueño, con un viento que no permitió lucimiento. En la muleta blandeó. Se quedó corto, no tuvo transmisión y volvió, a veces por el pitón contrario. Fue a menos y tuvo escasa duración. En su segundo, cinqueño, el viento volvió a molestar. No dio opciones con el capote. Brindó al público. Fue violento en la embestida por ambos pitones y terminó defendiéndose.

Ginés Marín se estiró por verónicas ante su cinqueño primero. Con la muleta por el pitón derecho se cruzó, tuvo poco desplazamiento y los muletazos salieron enganchados. La justeza de fuerza del astado no fue óbice para que por el izquierdo salieran con mayor calidad y limpieza. Se entregó y toreó muy cerca de los pitones. Su segundo fue devuelto y lidió un sobrero de José Vázquez. Brindó a Curro Vázquez. Inició valiente y sin probaturas desde los medios con la izquierda. En la segunda serie empezó a levantar la cara. Le robó los muletazos y siguió soltándola y quedándose corto. Con oficio, valor y firmeza consiguió doblegarle.