Cayetano y Varea tocaron pelo y Finito regaló una faena de muchos quilates.
Castellón, 31 de marzo. Sexta y última de abono. Media entrada.
Tres toros de Hnos. García Jiménez, tercero, cuarto y sexto, dos de Olga Jiménez, primero y quinto, y otro, segundo de Peña de Francia. Desiguales pero bien presentados y de buen juego en conjunto, destacando el tercero.
Finito de Córdoba (de negro y azabache), silencio tras aviso y ovación tras otro aviso.
Cayetano (de celeste y azabache), oreja y ovación.
Varea (de azul noche y oro), oreja y ovación.
Saludó tras parear al tercero Ángel Otero.
Paco Delgado
Hubo que esperar casi una hora para que diese comienzo la última función de la feria de la Magdalena.
La lluvia caída durante todo el día, y que obligó al aplazamiento del espectáculo de recortadores matinal, hizo que se tuviese que acondicionar el ruedo, embarrado y anegado en algunas zonas, y tras la inspección de las cuadrillas, conciliábulos entre matadores, autoridad y empresa, y otra revisión del ruedo por parte de los toreros, por fin, y pese a que seguía lloviendo con fuerza, arrancó la corrida que abrochaba el serial castellonense.
Un festejo en el que se lidiaron toros con los tres hierros de la familia Matilla, desiguales pero correctamente presentados y que dieron en conjunto buen juego, destacando el bravo tercero. Un toro que tuvo nobleza, fijeza y que fue repetidor en la muleta, lo que aprovechó Varea para firmar una faena un tanto intermitente basada en el pitón derecho, por el que sacó excelentes muletazos y que remato con una fenomenal estocada de efectos fulminantes que pese a la insistencia del público fue recompensada con un único trofeo.
El sexto en cambio, fue radicalmente distinto y se defendió casi de salida, echando la cara arriba y tirando cabezazos casi constantemente, sacando ahora Varea su versión de torero valiente y arrojado, dándolo todo y poniendo éel todo el gasto, perdiendo la puerta grande al matar mal.
Se lució Finito al recibir de capa a su distraído primero, con el que no se acopló luego en una faena de muleta breve y sin llegar a entenderse con su oponente, matando además tarde y malamente.
Mucho más a gusto estuvo con el cuarto, pese al ya pésimo estado del ruedo y los amagos del toro por rajarse. Pero supo fijarle para sacar un trasteo muy inspirado y profundo en el que dejó los mejores naturales de la tarde y un puñado de detalles de gran calidad, perdiendo la oreja al tardar otra vez con el acero.
Cayetano salió muy dispuesto y gustaron mucho las dos largas, una de rodillas y otra afarolada ya en pie, con que saludó al segundo, con el que lo vio claro desde el principio, dejando una serie al natural larga y honda, aunque ya no perseveró luego por ese lado, optando por el toreo el redondo y los efectismos.
El quinto gastó los veinte minutos de su lidia en una constante huida, sin que Cayetano pudiese hacer otra cosa que perseguirle e intentar, casi siempre en vano, robarle algún muletazo y dejar constancia de sus ganas.









