Alejandro Mora se llevó el único trofeo en la quinta función de la Feria de las Novilladas.
Paco Delgado
Foto: Mateo
Algemesí, 25 de septiembre. Quinta de feria. Lleno.
Tres novillos de Puerto de San Lorenzo, y uno, segundo, de Ventana del Puerto, bien presentados pero blandos y flojos.
Tomás Rufo (de corinto y oro), silencio con aviso y silencio tras otro aviso.
Alejandro Mora (de siena y oro), silencio y oreja.
De las cuadrillas destacó José Antonio Ventana.
Tras los dos festejos dedicados al escalafón inmediatamente inferior, en el que alumnos de distintas escuelas han buscado alzarse con la Naranja de Plata en disputa y demostrar sus aptitudes y adecuado progreso, la Feria de las Novilladas retornó a su esencia y en la quinta función del serial volvieron a hacer el paseillo novilleros con picadores.
Desgraciadamente también se volvió a dejar sentir el adocenamiento y conformismo que impera en el toreo, sobre todo en estas divisiones de aspirantes, y tan sólo se paseó una oreja.
La de Algemesí siempre ha sido una plaza que siempre se ha mostrado a favor de los toreros, y su público, generoso y festivo, a la más mínima demostración de los de coleta se han volcado con ellos. Pero de un tiempo a esta parte es difícil calentar a los tendidos. Ayer se lidió un encierro de Puerto de San Lorenzo, remedado con un segundo novillo de Ventana del Puerto, bien hermoso, con volumen y cuajo, cómodas cabezas y muy poca fuerza. Animales con los que novilleros de otros tiempos hubieran puesto el coso boca abajo y salido a hombros con un montón de orejas y con hasta algún rabo.
En esta ocasión sólo se concedió una oreja. Fue para Alejandro Mora al acabar con su segundo oponente, un ejemplar flojito con el que el novillero extremeño pidió tiempo, y paciencia, y pese a que el de El Puerto siempre quiso irse, sacó series con empaque e importancia aunque su faena resultó intermitente, cambiando la intensidad por la extensión. Su primero no tuvo entrega y llegó tardo y aplomado al último tercio, sin humillar y saliendo con la cara alta y desentendido, pudiendo Mora dejar tan solo algunos detalles de clase en una labor muy deslavazada.
Tomás Rufo, que entró en la feria por la vía de la sustitución, ocupando el puesto que dejó vacante el herido Víctor Hernández, poco pudo hacer con un primer utrero que se descordinó al chocar contra un burladero de salida y anduvo afanoso y gris con el tercero, que lo dio todo en el prmer tercio.









