.Domingo, 15 de marzo de 2026. Plaza de toros de Castellón. Media entrada en tarde soleada y fría.. Toros de Domingo Hernández, bien presentados y de deficiente juego en general. Alejandro Talavante (arena y oro), indiferencia, indiferencia y silencio tras aviso. Juan Ortega (verdemar y oro), saludos tras aviso, silencio y silencio tras aviso. Actuó como sobresaliente Enrique Martínez Chapurra (tabaco y oro). Pesos de los toros por orden de lidia: 569, 565, 512, 534, 527, 584 quinto bis y 545 kilos.
Enrique Amat, Castellón
La feria de la Magdalena de Castellon concluyó con un fiasco. Ni toros ni toreros, estuvieron a la altura. Tarde para el olvido. Los astados de Domingo Hernández, bien presentados y de muy deficiente juego en general. Con mucho volumen, aunque algo faltó de fuerzas el que abrió plaza, que no empujó con demasiado convencimiento en varas. Muy atacado de carne, se paró pronto. Ni quiso ni pudo. Ni el torero ni él toro. También con aparente cuajo el segundo. Muy abanto y huido, que se salió suelto de los caballos, después de ponerle un picotazo que ni para un análisis de sangre. Se lo pensó por los dos pistones, y no tomó las telas con convencimiento. Y en cuanto le bajaron la mano, se derrumbó. Noble, colaborador e irrelevante.
El colorado tercero, bociblanco y ojo de perdiz, apenas se empleó en el caballo. Suelto y distraído, con querencia hacia los adentros y saliéndose suelto. Rajado e irrelevante, aunque alguno por ahí decía en televisión, que cuando el toro tiene tanta calidad, hay que ser muy buen torero para cuajarlo. Dé traca.
El cuarto, castaño y con plaza, salió muy distraído. Renegó en el caballo y luego no tuvo un pase en la muleta. Rajado y la defensiva, cortó los viajes y no sirvió. El quinto, castaño, fue devuelto después de colocarle el segundo par de banderillas, porque se derrumbó varias veces sobre el ruedo. Fue devuelto con mucha diligencia por la parada de cabestros, y en su lugar saltó al ruedo un toro grandón y fuera de tipo. Un mulo, manso y rajado. Y el castaño sexto, grandón, huido, abanto y huyendo despavorido, no dejó de corretear por la plaza. Se llevó por delante al sobresaliente a la salida de un par. Noble y claudicante, por ahí anduvo dejándose, pero sin bravura ni celo.
Alejandro Talavante no pasó de tirar líneas ante su apagado primero, ante el que se limitó a abreviar. No pasó ná. Se quiso poner bonito ante su rajado tercero en los terrenos de adentro, los únicos que admitía al toro. Dejándole la muleta muy puesta, consiguió encelarle. Por ahí anduvo, en una faena facilona y de escasísimo relieve. Y pajareó ante el quinto, al que mató a la última.
Juan Ortega, muy molestado por el viento, intentó ponerse pinturero y torerito, en una labor de detallitos. Por ahí anduvo, compuesto y tal. Apenas tuvo opciones con el capote en el cuarto, frente al que apenas pudo tirar líneas, aliñar y matarlo con brevedad.
Y anduvo pinturerito y queriendo frente el mulo sexto, al que consiguió darle algún muletazo suelto en medio de un trabajo que no tomó vuelo y que estuvo pésimamente rematado con los aceros









