Andy Cartagena, Manuel Manzanares y Ginés Cartagena no lograron salir a hombros en el último festejo de la feria de Hogueras. Fue ésta la única función en la que no hubo puerta grande.
Alicante, 25 de junio. Quinta de feria. Más de media entrada.
Toros de Fermín Bohórquez, bien presentados y de buen juego los tres primeros.
Andy Cartagena, oreja y ovación.
Manuel Manzanares, oreja y ovación.
Ginés Cartagena, oreja y división de opiniones.
Paco Delgado
Fotos: Verónica Soriano
Es la de Alicante tierra amante del caballo y en su provincia son muchas las explotaciones equinas y las ganaderías dedicadas a la cría caballar así como fincas particulares en las que este animal es el protagonista. También de aquí han salido no pocos rejoneadores -Antonio Pérez, Paquita Rocamora, Antonio Correas, Ginés Cartagena, Basilio Mateo, Genaro Tent, José Garbí, Rafael Serrano…-, por lo que no es de extrañar que, cada año, la feria de Hogueras se cierre con un festejo ecuestre y al mismo acuda mucho público, como ocurrió en esta última función del presente serial fogueril. Fue, además, una corrida en la que, después de mucho tiempo, coincidieron en el mismo cartel tres rejoneadores alicantinos que acabaron empatados a un trofeo pero sin lograr abrir la puerta grande.
Y eso que la función comenzó fuerte, y el primer toro se arrastró ya sin una oreja, apéndice que paseó Andy Cartagena tras una actuación en la que tuvo que sobar a su oponente, distraído de salida, para encelarle. Cuando lo consiguió, el de Bohórquez ya le siguió siempre con docilidad y nobleza. El de Benidorm banderilleó con pasmosa facilidad y su espectacular monta prendió pronto en el tendido, cerrando su turno con un aclamado para a dos manos y un certero rejonazo.
El cuarto manseó en los primeros compases de su lidia y se aplomó pronto, teniendo que ser el benidormí quien hiciese todo el gasto para sacar partido de su segundo turno. Tirando de paciencia y temple fue dejando un quehacer inteligente y práctico que alcanzó su cenit con las levadas con que adornó el tercio de banderillas y el carrusel final en el que combinó rosas, cortas y otro par a dos manos. Pero acabó descordando al animal y perdió la puerta grande.
Manuel Manzanares se mostró mucho más puesto y hecho. Recibió a su primer a lomos de “Rómulo”, resolviendo con aplomo la no poca exigencia del astados, que salió con muchos pies. Arriesgó y dejó llegar mucho en banderillas, y aunque en algún par pudo haber cierto desajuste, en conjunto cumplió con acierto y solvencia. El quinto fue manso y se paró enseguida. Para colmo falló con el rejón de muerte.
El hijo del malogrado y recordado Ginés Cartagena -con el que guarda un gran parecido físico- debutó en esta plaza y se mostró muy preparado. Recibió a su primero a porta gayola, desenvolviéndose con valor y osadía ante el cariño y la complicidad del público, combinando la espectacularidad que lleva en los genes con una técnica que parece tener muy bien aprendida y asimilada. Tampoco ayudo el sexto, que embestía a oleadas y acabó llevándose por delante a uno de su caballos y a un auxiliador. El nuevo Cartagena salió a por todas pero su actuación tuvo tanto entusiasmo como precipitación.









