Los toros de Castillejo de Huebra, bien presentados, dieron un juego en general manejable. Mejores los tres primeros y el sexto. Bien hecho, lustroso y cómodo por delante el primero, que se dejó pegar en varas y fue y vino con obediencia y fijeza, aunque tuvo siempre una querencia a salirse suelto. También bien presentado el cubeto segundo, que se dejó de pegar en varas y tuvo tranco en banderillas. Y en la muleta obedeció a los toques. También bien presentado el tercero, que se dejó pegar en el caballo y luego tuvo tranco en banderillas. Más deslucido y un poquito rajado, aunque aún así se dejó.
Cuajado y acucharado de cuerna y algo distraído de salida al cuarto. Poco picado y con muchísimos pies y tranco en banderillas. Metió la cara en la muleta, aunque siempre tuvo amagos de irse y rajarse. Salió despavorido de sus tres encuentros con las plazas montadas el quinto. Un ejemplar escaso de raza, parado y reservón, que se desentendió y sirvió poco. Y tuvo ritmo y bravura el cierra plaza. Pero luego, a mitad de faena, se rajó y buscó el abrigo de las tablas.
El Fandi saludó con largas de rodillas a su primero, al que luego pareó compartiendo el tercio con sus compañeros de cartel. Luego lo toreó, sobrado y suficiente, en una labor variada, suelta, puesta y comunicativa. Mató de una estocada rinconera de efectos fulminantes.
Y al cuarto le colocó cuatro pares, ganándole siempre la acción a un toro que apretó muchísimo. Tuvo mucha emoción su apertura de faena genuflexo en el platillo de la plaza, aguantando las encastadas embestidas de su oponente.
Manuel Escribano saludó con largas de rodillas al segundo, con el que luego también compartió el tercio de banderillas con sus compañeros. Brilló en un par el violín y luego en otro de dentro afuera. Luego toreó en cercanía de terrenos, en una labor ligada, firme y comunicativa. Suelto y fácil, mató de una estocada que bastó.Y tras banderillear con espectacularidad, le buscó las vueltas al quinto, un astado rajado y muy complicado, con el que estuvo lúcido y suelto. Lo despeñó de un pinchazo y una estocada muy baja.
Jesús Enrique Colombo alternó en banderillas con sus compañeros. Y luego, frente a un animal deslucido y rajado, le supo buscar las vueltas con solvencia.
Lanceó con vibración, pareó con tanta espectacularidad como verdad y plantó cara con sinceridad, ligazón, asentamiento y sentido del temple al sexto. También le supo buscar las vueltas a este cierraplaza y le dio fiesta en los terrenos de adentro. Y mató de una gran estocada.
Tras acabar la corrida, actuó el alumno de la escuela de tauromaquia de Valencia Jorge Escamilla. Frente a un novillo que se desplazó, anduvo vibrante con el capote, espectacular en banderillas y muy centrado con la muleta, firmando un precioso prólogo a dos manos. Luego lo muleteó con soltura, vibración y un excelente sentido de la puesta en escena. Mató de una buena estocada.