Como dice el refrán que lo prometido es deuda, no quiero romper la costumbre y me voy a referir a diversos temas que aparecen en el libro titulado “La Tauromaquia” de la que son autores Leopoldo Vázquez, Luis Gandullo y Leopoldo López de Saa, bajo la dirección del célebre diestro cordobés, Rafael Guerra “Guerrita”.
Como dije en su momento el libro es un regalo que me hicieron mis amigos y antiguos vecinos, Jesús Maicas y su esposa, Elena Martí.
En su capítulo II. dedicado a la reseña histórica de todas las ganaderías bravas de España. Figura en primer lugar la de don Pablo Valdés, más conocida como Raso del Portillo, sin duda por ser de este pueblo de la provincia de Valladolid. donde tenían sus pastos en los siglos XVI y XVII, en la llamada vega del Jarama.
No falta quien asegura que su origen data del siglo XV. También se asegura que en 1747 se lidiaron toros de esta ganadería en Madrid. Sigue en antigüedad la del Excmo señor Conde de Espoz y Mina, de la que hoy es propiedad Juan Moro Irure. oriunda de la que en el siglo XVIII poseía en Tudela (Navarra) don Francisco Javier Guendulain.
En 1883 el señor conde de Espoz y Mina adquirió en 200.000 pesetas, la parte correspondiente al señor Carriquiry, quedando como dueño absoluto.
Entre los toros famosos figura “Famoso”, lidiado en Barcelona. Tomó 31 varas y mató 10 caballos y siguen otros como “Lancero” lidiado en Tudela el 3 de septiembre de 1881 dejó muertos 8 caballos y 3 malheridos, que fueron rematados en los corrales.
Y así continua la relación hasta finalizar con “Sargento”, lidiado también en Barcelona el 16 de junio de 1867, que tomó 24 varas y dejó sin vida a 10 caballos.
Otro de ellos fue “Limón”, lidiado en Vitpria el 23 de agosto de 1881 en quinto lugar. Cogió y volteó al banderillero Mateo López causándole varias heridas que le produjeron la muerte instantánea, por haberle partido la yugular
El lector apreciará que eran tiempos en que se destacaba tanto el número de varas que tomaban los toros, como el número de equinos muertos.
Sin duda eran otros tiempos y otras costumbres, mejores, peores, digamos que diferentes, pero que encajaban en el sentir de los aficionados.
No quiero cansar al amable lector con más cifras, algunas de ellas prefiero silenciarlas, porque soy consciente de que amagan con la tragedia.
Y termino anunciando que salgo inmediatamente para el hospital La Fe de Valencia, donde tengo cita con los cirujanos que me van a extirpar la vesícula biliar.
Laus Deo.