Emilio Oruño “Jumillano” se jactaba de ser el único espada al que no consiguió engañar el empresario Alfonso Gaona, aún pagándole con retraso.
Así lo contaba Jumillano:
Entré en varios despachos que parecían chiqueros, hasta que por fin dí con el doctor Gaona.
– Oiga mano, qué le parece si le pago con un cheque
– No, como dicen ustedes por acá, me paga en “lana”.
– ¿Y si le roban?
– Pues mala suerte.
– Qué le parece, mano, si viene usted mañana.
– No, no vengo mañana, me paga usted ahora, en todo caso le mando al mozo de espadas.
– Pues, entonces quedamos en eso.
– Si, pero queda entendido, que si no le paga al mozo, yo no toreo,
– Hombre mano, que cosas tiene. Además si le voy a contratar para el año que viene.
– Bueno, eso el año que viene se verá.
Acudió el mozo. La corrida empezaba a las tres y media. Y llegó a las tres menos cuarto, dándome el dinero peso a peso. Lo pasé fatal. Ahora es un gran amigp mío,







