Hay toreros que pierden los nervios, El protagonista en esta ocasión fue Julio Aparicio.
Tirando de pico. Menos mal que el agua estaba fresquita
Actuaba una tarde en Manzanares el torero madrileño. Y no tuvo su actuación más brillante, precisamente. El propio diestro lo cuenta así:
“Estuve mal. Estaba en el callejón lavándome las manos y un individuo en barrera, sacando la cabeza, no paraba de decirme cosas. Eres un sinvengüenza, ladrón, que eres un ladrón. Y así siguió con la monserga.
Le miré y parecia que era un hombre respetable, Bien vestido, con su corbata, con su flor en la solapa.
Total, que como no cesaba de decirme cosas, no se me ocurrió otra cosa, que echarme un buchito de agua y arrojársela en la cara.
Me quería matar. ¡Cagón, que eres un cagón!. Al momento me cambié de sitio y ví como los que estaban a su lado se desternillaban de risa.
Debo aclarar que el agua estaba fresquita”.









