Historia en la que Julio Aparicio no se da por vencido ante la picaresca del empresario de turno.
Tirando de pico. Julio Aparicio se lleva los dólares
En Caracas tenía contratadas dos corridas. En la primera no estuve bien –contaba el torero madrileño–. Recibí dos broncas que parecía que se hundía la plaza. El empresario me dijo que tenía que devolver el dinero. Le contesté que no lo devolvía, aunque me mataran. El ambiente se hizo tan hostil, que no podíamos salir del hotel ni mi cuadrilla ni yo.
El empresario además de obligarme a utilizar la espada de verdad, yo tenía lesionada la mano derecha, para terminar de arreglar el asunto, me hizo publicidad. Publicó en un periódico “Aparicio se lleva los dólares”. Pensé que si fallaba en la segunda corrida la cosa sería un infierno. Menos mal que corté las dos orejas a un toro y aquello terminó bien con otras publicidad “Gran faena del maestro Aparicio”.









