El tren fue, hace años, el medio de transporte más utilizado por los toreros.
Rafael Llorente, en sus comienzos era un habitual del tren. En los primeros años de la posguerra, sin apenas dinero, para poder viajar de casa a los pueblos, Y así lo recordaba: “Subíamos al famoso tren de Arganda “que pita más que anda”, y que apenas alcanzaba los diez kilómetros por hora. Entrabamos el matador, la cuadrilla, el mozo de espadas y únicamente pagaba el último, quien era el que se hacía cargo de los trastos de matar. Cuando sabíamos que el revisor estaba a punto de llegar al vagón, teníamos, en ocasiones, que tirarnos en marcha. Luego después de una carrera volvíamos de nuevo al tren. Un tren lento como el buen toreo. Qué tiempos aquellos. El tren de Arganda, que pita más que anda”.









