El salmantino Victoriano Posada, que abandonó el toreo y se instaló en Ecuador, llegó a padecer incluso una gravísima depresión.
Lo contaba Posada en Madrid:
“Hacía tiempo que había abandonado la profesión. Había formado mi familia en Guayaquil (Ecuador). Un día asistí a una corrida en Quito en la que toreaba El Viti, al que apoderaba mi paisano y amigo Florentino Díaz Flores, que fue también mi apoderado. Y comencé a pensar ¿Pero qué he hecho yo, cómo ha podido retirarme del toreo, si esto es lo mejor del mundo?. Me entró tal depresión que quería morirme. Estaba seguro de que aquella noche me iba a morir. Me marché a Guayaquil, donde los médicos me dicen que no tengo nada. Me examinó un psiquiatra que le dice a todo el mundo que estoy bien, diciéndome que mi cerebro me ha ordenado retirarme del toreo y al ver a mis compañeros toreros se ha producido una situación que me dice que quiero morirme.
Pero es falso y no quiero morir.
Y así fue”.