Todo puede cambiar en cuestión de minutos en un festejo taurino. Y si Curro era protagonista, con más motivo.
Sucedió en Madrid. En Las Ventas. Antes de hacer el paseíllo Curro Romero se situó en el fondo del patio de cuadrillas. Allí cuatro o cinco policías le asediaron solicitando un autógrafo. Romero les atendió a todos. Firmaba sin parar. Algunos con sus cascos se acercaban parsimoniosamente para solicitar el favor. Lo hacían como si fuese un rito. Todos contentos y felices.
Sin embargo la situación cambió más tarde. Los fanáticos partidarios tuvieron que proteger al Faraón de Camas de los almohadillazos que parte del público lanzaba al torero.









