Tarde para el olvido

Sólo un toro dio opciones: el primero.

 

Las Ventas, 7 de octubre.

Quinto festejo de la Feria de Otoño.

Casi lleno.

Toros de El Pilar, deslucidos y de poco juego.

Damián Castaño, silencio y silencio.

Juan Ortega, silencio en los dos.

Pablo Aguado, silencio en su lote.

 


Miguel Ángel Herráiz

Foto: Plaza 1

 

Quinto festejo de la Feria de Otoño con toros de El Pilar. El primero noble con clase y colaborador fue el mejor, correspondió a Damián Castaño quien se estiró en el recibo capotero y en la media de remate. Juan Ortega en su quite, ante este astado, instrumentó por verónicas con suavidad y encaje abrochando con una media que sintieron los tendidos. Se emocionaron ante el derroche de torería de Juan y enardecidos expresaron con entusiasmo lo que experimentaron al poder disfrutar del arte que Ortega exhibió en estos lances, con expresión y pasión intrínseca, ejecutados con duende. Hubo verdad, toro y torero. Desgraciadamente a lo largo de la tarde los otros cinco toros de El Pilar no dieron las opciones del primero y la escasez de casta, fuerza y raza contribuyeron a que la corrida fuera a menos.

Damián Castaño en su primero inició con la muleta llevándolo por el derecho despacio, con suavidad, ligando y pendiente de que no le achuchara pues la tendencia era a colarse. El cuatreño fue noble y colaboró. Por el izquierdo bajó la mano y toreó con ritmo pero faltó el acople necesario para remontar. A su segundo lo recibió con una emocionante larga cambiada de rodillas junto a tablas. A continuación se estiró con firmeza y ganó terreno por verónicas adelantado la pierna de salida. El toro fue a menos después de ser picado. En la muleta blandeó, tardeó y embistió con arreones.

Juan Ortega tuvo un primero con escasa fuerza y desrazado. Con la muleta lo intentó por ambos pitones con suavidad, apenas tuvo recorrido, soltó la cara y la escasa fuerza colaboró para que el punteo no permitiera limpieza en la ejecución de los muletazos. Su segundo solo permitió brega sin lucimiento con el capote. Tuvo poco desplazamiento en el último tercio, se paró y careció de transmisión.

Pablo Aguado saludó a su primero en los medios con unas cadenciosas, lentas y enjundiosas verónicas. Excelentes fueron los derechazos y el cambio de mano llevándolo al paso, con su impronta personal, desde tablas para dejarlo con la muleta en los medios. Lo intentó con el derecho pero el toro fue notoriamente a menos y a pesar del sentimiento puesto en los muletazos la condición y el soso desplazamiento del astado impidió conectar con los tendidos. El último de la tarde empezó a blandear en el segundo muletazo. Por el derecho tardeó y careció de transmisión. Por el izquierdo apenas se desplazó, solo los admitió de a uno y con la cara alta.