Hoy lunes, 30 de marzo, se cumple el XLV aniversario de la alternativa de Guillermo Císcar Chavalo, un torero de excelente y personalísimo corte a quien una grave cornada en Ocaña truncó una carrera más que prometedora.

Enrique Amat
Guillermo Ciscar Matéu nació en Las Palmas de Gran Canaria el 25 de julio de 1951. A los catorce años empezó a torear y, paralelamente, estudió Bachillerato y Bellas Artes en la especialidad de pintura y decoración, logrando el título de técnico en procedimientos pictóricos.
Como torero, su debut como novillero con picadores tuvo por marco el coso madrileño de Vistalegre de Carabanchel el 28 de mayo de 1972. Aquel día cortó dos orejas y salió por la puerta grande. Alternó con Miguel Cárdenas y César Morales, lidiando astados de Quintana Hermanos. Toreó como novillero en plazas importantes como Valencia, Madrid, Vista Alegre, Sevilla y gozó de un gran cartel por su toreo amanoletado, pleno de sentimiento y personalidad.
Recibió el doctorado en Vista Alegre el 30 de marzo de 1975, vestido de blanco y plata, de manos del venezolano Curro Girón, con el salmantino Paco Herrera de testigo de la ceremonia. El toro de la cesión fue Oleaje, del hierro de Torrealta. Meses después firmó una gran faena a un toro de Juan Mari Pérez Tabernero en Valencia.
Polifacético en la línea de Ignacio Sánchez Mejías, amanoletado en su serio hieratismo y mediterráneo en la luminosidad de su arte imaginativo, brillante y algo barroco. Cosmopolita en su concepción de la vida y con personalidad universal por mediterránea, Chavalo en su momento significó la gran “esperanza blanca” del toreo en Valencia.
Sin embargo, una grave cornada sufrida en Ocaña el mes de septiembre de es mismo año le obligó a abandonar la profesión. Y entonces decidió ejercer el arte por los caminos de la pintura, a la búsqueda de la armonía dentro de una relación clásica, en el sentido del clasicismo que tuvo su arte en los ruedos. Su primera exposición fue una colectiva con motivo de la inauguración en Madrid de la sala Recoletos, propiedad de Lola Flores. En la misma compartió paredes con personajes de la talla de la duquesa de Alba, Antonio el bailarín y Carmen Amaya, entre otros.
Uno de los temas presentes en su producción son los cuadros basados en Las Meninas de Velázquez. Ha cultivado, asimismo, aguamarinas, paisajes de playa, así como bodegones y flores. En la actualidad, se inclina por una línea fauvista plena de un sugerente colorido.
En cuanto a lo taurino, le han inspirado mucho en su producción los retratos de espadas como Juan Belmonte, Joselito, Guerrita, El Gallo y Machaquito, a los que pintó con trazos rotos. Destacan también sus paseíllos, que tienen un personalísimo sello.
Con más de treinta y cinco años dedicados a la pintura, dirigió la galería de Arte Equipo Nave Diez, sita en la calle de la Nave de Valencia. Y en la actualidad reside en tierras granadinas, donde sigue creando su arte, no sólo pictórico, sino ahora por la línea de la creación literaria.
El propio artista asegura: “La pintura es un ejercicio de orden espiritual, como el toreo. Vuelve a mí, sin casi sentirlo, el espíritu del toreo y lo que pudo ser una frustración se convierte en el sentido de mi vida. Torear. Pintar. Crear. Se pinta a través de los sentidos, lo mismo que se torea. En definitiva, ejerzo el oficio que me hace feliz”.









