Que los milagros existen, a pesar de lo que piensen escépticos de toda laya y condición, es algo que parece probado. Que se lo pregunten, si no, a Vicente Ruiz «El Soro», quien tras veinte años cojo y apartado de su profesión, torero, vio cumplido su sueño: volver a torear. Claro que tras este prodigio había no poco esfuerzo y sacrificio. Cerca de cuarenta operaciones quirúrgicas, dolorosísimas sesiones de recuperación y rehabilitación, miles de horas de gimnasio y fisioterapia, una dieta espartana, dos años de reclusión casi monacal en el campo… y una fe inquebrantable hicieron posible lo que nadie creía: el 17 de agosto de 2014, en la plaza de toros de Játiva, El Soro volvió a torear.
Paco Delgado
El 8 de abril de 1994, El Soro actuó en Benidorm para matar en solitario seis toros de distintas ganaderías. Seis que finalmente fueron siete, puesto que regaló también el sobrero. Fueron astados de Sánchez Arjona, Hermanos Sampedro, Alcurrucén, Torrestrella, Victorino Martín, Joao Moura y Marcos Núñez. El Soro, que vistió para la ocasión un terno berenjena y oro, cortó las dos orejas al primero, una oreja al tercero, otra del cuarto, las dos del toro de Victorino, para el que se pidió el indulto y fue premiado finalmente con la vuelta al ruedo en el arrastre, y otra oreja del sobrero.
Al día siguente tomó parte en un festival celebrado en la ciudad castellonense de Segorbe.
Estaba previsto que torease una semana más tarde en Alcoy, pero la corrida se aplazó por mal tiempo y antes de poder cumplir se contrato llegó esa lesión en su rodilla izquierda.
Después, un calvario. Treinta y siete operaciones, disgustos, fracasos, una familia que se deshace, ruina económica… un desastre.
Pero El Soro siempre tuvo claro que volvería. Que iba a torear de nuevo en público y de luces. Pero no fue nada fácil llegar hasta aquí. Primero hubo que conseguir que se pudiese arreglar en lo posible esa rodilla que te retiró de los ruedos, para lo que se tuvo que someter a casi cuarenta intervenciones quirúrgicas y sesiones de recuperación dolorosísimas. También hubo que recuperar al hombre. Recuperarlo de todas las turbulencias por las que pasó y que no fueron pocas ni leves. Alcanzar una forma física más o menos óptima para estar con garantías ante el toro, volver a coger la confianza necesaria. Y, quizá lo más difícil, convencer a la gente de que lo suyo iba en serio. Aún así ha habido presiones, zancadillas y obstáculos de mucha gente y de muchos sitios. Ha habido sobre todo mucha desconfianza y a lo peor puede que inquina, resentimiento y hasta mala baba.
Sin embargo, su fe, su empeño y su ilusión han sido más fuertes que la adversidad.
Y así, el día 17 de agosto de 2014, en Játiva, se obró lo que muchos han calificado como milagro y no ha sido sino constancia, trabajo, sacrificio y confianza en sus propias posibilidades.
A la hora en punto, en medio de una nube de fotógrafos, El Soro, vestido de ciruela y oro, cruzó el ruedo sabiendo que cumplía un sueño largamente acariciado y anhelado. Dos horas más tarde, y tras haber dejado dos faenas en la que se le vio muy suelto, templado, reposado, fuerte y, sobre todo, preparado, el torero de Foyos abandonaba la plaza a hombros y rebosante de felicidad, alegría y satisfacción. Con él hicieron el paseíllo Daniel Luque y Román y juntos lidiaron toros de Benjimea que fueorn propiciaos para que la terna, dos horas mas tarde, abandonase la plaza a hombros de capitalistas.









